Opinión

Testimonio de cambio

Per saecula saeculorum
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Por: Beatriz Acevedo Tachna

Haceya algo de tiempo vino a la ciudad una eminencia en cuestiones de nutrición, no de dietas, ni de remedios maravillosos para siempre estar muy buena, verdaderamente era una buena amiga gurú de la alimentación tratando de iluminar y encaminar a las almas perdidas y golosas que nos dejáramos. Yo, siendo la voraz personita que soy batallé un poco para entender sus conceptos, que si enzimas, que si prebióticos, que si los minerales que nos hacen falta, que si las toxinas que nos dañan y demás cosas que nuestro cuerpo procesa alrededor de su larga o corta vida. Me costó trabajo pero lo logré, después de un tiempo me convertí en esa persona que se asusta de los que comen salchichas, que le saca la vuelta a los lácteos, que percibe al gluten como el demonio más atemorizante que hay, esa "patita" que va al mercado con canasta y sin rebozo a comprar producto local. Y no quiero empezar con el azúcar a quien con cariño me refiero como "Alimento para el cáncer" porque no quiero sonar muy necia. El caso es que yo cambié mis hábitos por completo, di un giro de 360 grados y volví a donde mismo pero esta vez sintiéndome mejor, descubriendo que a pesar de creer que estaba en perfecta forma descubrí que si había manera de sentirte maravillosamente mejor. Como efecto secundario a mis cambios, dejé por el camino todos aquellos kilos que traía de más, mi cerebro se concentró mas, dejó de vagabundear y se empezó a enfocar en lo importante, en lo productivo, mi cuerpo definitivamente rinde más, tiene más energía, dejé de enfermarme, ya no sé ni como se siente andar mormada, mucho menos repetir la comida, ya se me olvidó lo que era la gastritis y de colitis y estreñimiento ni me pregunten porque son completos desconocidos para mí y no pudiera estar más orgullosa de presumirlo, tanto que a veces nos volvemos esos pedantes fenómenos que descubrimos el misterio del universo y escribimos un libro vivencial sobre: "Como estar sana, fuerte y en forma sin sufrir" y solo andamos queriendo ir por la vida convirtiendo a los herejes de que dejen sus fritangas, tiren el hot dog, vacíen su alacena de enlatados, se deshagan de sus dulces y chocolates, superen sus problemas emocionales, se den cuenta que el azúcar les causa más ansiedad, de que tiren el microondas a la basura (que por cierto le quita todos los nutrientes a toda la comida, si van a meten algo mejor les recomiendo que se coman un pedazo de cartón ya que va ser mejor para su cuerpo) y mil consejos más que andamos repartiendo cual predicadoras de una religión nueva. Yo lo veo desde afuera y me doy risa, sobre todo cuando voy a la casa de mi madre y mi abuela y me da un infarto al miocardio cuando vierten en los sartenes esas cantidades de aceite (y no de Coco), sacan la Knorr Suiza para los caldos, los purés para las salsas y todo aquello de lo que me estuve escondiendo durante toda la semana, sobre todo del fantasma "Glutamato sódico" que atormenta mi cuerpo. Trato de explicarles que volvamos a lo básico, a comer como en los ranchos, que no dejemos el bisteck ranchero, ni el asado, ni las tostadas (pero horneadas o de nopal) que el arroz lo sustituyamos por quinoa, que la margarina la tiremos a la basura, que no usemos sal refinada si no la Ohuira de mar, que no tiene que ser tan drástico el cambio, que no todas las noches hay que cenar carne, ni pollo, ni proteína animal, que también hay proteína en muchos granos y famosas "súper comidas" que se han descubierto… en fin, la cátedra ya se la saben de memoria, se que por dentro sienten que estoy acabando con todos sus platillos culturales, con las tradiciones, solo estoy pidiendo que dejen los químicos a un lado, que el pozole no sea con truco, que el caldo de pollo no tenga polvos mágicos, que el atún no sea de lata, que el endulzante sea Stevia líquida. Me escuchan pacientemente y mi abuela principalmente asiente siempre con su cabeza, fingiendo la mayor de las atenciones, la mirada se le pierde muchas veces y se que se está fijando más en sus plantas, en el toronjo, en mis dientes y en el outfit que se va poner para la jugadita de la tarde, pero respetuosa y educadamente fija su mirada en mis ojos como si realmente me estuviera escuchando, me agradece infinitamente y cuando creo que tengo algo de ganada la batalla, se sirve otro durazno con almíbar, le echa mucha crema, pide nieve si es que hay, se ríe y con algo de alegre y cómica tristeza sé por dentro que he perdido la batalla y que nunca siquiera tuve chanza ni oportunidad: "La clave es comer un poquito de todo" es su inmortal consejo que me ha venido repitiendo desde que recuerdo (y que es el mejor de todos), "Con 80 años me doy por bien servida, quien quiere vivir 100?" lo cual me hace reír por dentro y resignarme para esperar con ansias los sábados de gorditas, flautas tacos y poder aplicar el consejo "Poquito de todo" (¡que es medio imposible!) ///

Twitter@BeAcevedoTachna