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Tiempos de gatopardismo

Ya pasaron los vientos reformadores del gobierno de Peña Nieto, ahora llegan las negociaciones a conveniencia para que las cosas queden más o menos igual que antes.

Todos los días se ve que el PRI de siempre es el que ha regresado a Los Pinos; poco a poco se ha caído el barniz de cambio y se han descarapelado los impulsos iniciales del sexenio. ¿Dónde quedó la transformación del poder y la recuperación de lo público?

Lo que suda la clase política, en el Congreso y en las cúpulas partidistas, es pragmatismo puro: quién se queda con cuáles posiciones y a cambio de qué, es decir, el juego perverso de ganar a costa de los intereses generales, de la autonomía real de las instituciones como el INE y el IFE; de la regulación democrática de los medios y las telecomunicaciones, a la cual se le ha metido una reversa espectacular. Las promesas de cambio han saltado por los aires en pedazos y las ventanas de oportunidad se han empezado a cerrar. Mientras tanto, los problemas que le importan a los ciudadanos quedan en suspenso otra vez: la inseguridad y el crimen persisten y el gobierno hace parches; el salario cada día alcanza menos porque seguimos con aumentos risibles por debajo de la inflación; el reciente Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial (Inegi), muestra un panorama que debería darles vergüenza a los funcionarios y legisladores, con miles y miles de escuelas en ruinas, mientras importantes cantidades del gasto público se siguen dilapidando. ¿Cómo es posible que haya en el país más de 36 mil escuelas sin agua, más de 20 mil sin baño, más de 18 mil sin luz, más de 123 mil sin internet? Esa precariedad en medio del lujo de legisladores y partidos. Quizá con un solo año del financiamiento público de los partidos se puedan arreglar esas miles y miles de escuelas. Quizá sin moches, sin fraudes como el de Oceanografía, quizá con un mes de gasto publicitario de los gobernadores, hace años que se hubieran podido reparar esas escuelas.

Seguimos metidos en los mismos cuentos de siempre, la autosatisfacción de una clase política que responde a sus intereses y a los de sus patrocinadores, que ha perdido la brújula y la credibilidad de la representación. El bajísimo aprecio de los ciudadanos por los partidos, legisladores y funcionarios, es sólo una muestra de esa crisis. Se cambian las reglas en la Constitución y después se regresa a los viejos tiempos mediante las leyes secundarias. La contra-reforma en telecomunicaciones y radiodifusión es un cuento que ya conocemos. Como lo ha señalado la AMEDI, algunos legisladores, organizaciones y especialistas, la iniciativa de Peña Nieto es contraria a la reforma constitucional y violenta la garantía de los derechos de libre expresión e información; se debilita al regulador (el Ifetel) y se le supedita al gobierno federal, a Gobernación y a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; los tiempos del Estado quedan a negociación con los concesionarios; se ignoran por completo los derechos de las audiencias; se disminuye la importancia de los medios públicos y comunitarios; se diluyen la competencia por límites a la concentración y a la propiedad cruzada, por trucos para aplicar los criterios de preponderancia, en suma, la ley para las telecomunicaciones y la gracia para el duopolio. Se protege otra vez a las televisoras.

Por otra parte, falta todavía la legislación secundaria de la reforma político-electoral, pero por lo pronto el paso del IFE al INE tuvo su marca de nacimiento en las cuotas partidistas de los consejeros, salvo excepciones. Cuotas hasta para los plazos de duración y el escalonamiento de los cargos. Pero los legisladores nos quieren marear con el cuento de la autonomía. Se trataba de quitarles a los gobernadores el control de los organismos electorales, pero no para trasladarlo a los partidos y sus cuotas.

Regresa el PRI de siempre al poder: hay casos terribles como el del DF (Cuauhtémoc Gutiérrez) y el de Michoacán (Jesús Reyna). Un gobierno que se presentó como reformador, pero que quiere controlar contenidos, disminuir la autonomía de las instituciones y proteger intereses particulares. Los tiempos del gatopardismo…

@AzizNassif