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Todo tiene un precio

DESDE LA CONFRATERNIDAD

El concepto del precio es de gran utilidad para ponernos, los humanos, en situaciones adecuadas con relación a las relaciones de intercambio de bienes. ¿Por qué? Simplemente porque sirve de catalizador e intermediario en las acciones de este tipo. Digo lo anterior porque se quiera o no, es necesario que dichos bienes, llámense alimentos, cobijo, transporte, etc., están constantemente pasando de unas manos a otras. Intercambio que necesitan tener precios para un buen y limpio comercio, ya sea local o internacional. El precio es una escala, que normalmente determinan un mínimo y un máximo que provoca elecciones, mismo que supone un equilibrio entre lo dado y lo recibido, equilibrio que hay veces que es transparente y sin ambigüedades. Al grado que muy seguido nos inclina a seleccionar una bebida, por ejemplo, de ofertada que la que nos agrada. También el precio tiene una gran capacidad para hacernos antipatriotas (si me permiten el ejemplo), ya que con mucha facilidad preferimos el mismo bien con mejor precio sin importarnos que no sea mexicano. De lo anterior, se puede entender la búsqueda de mejores precios, en condiciones de calidad iguales, en el extranjero. Caso claro de China: los precios en este país, de sus productos, han provocado la invasión mundial en los comercios internacionales, los cuales provocan otro concepto importante, el de costo-beneficio. Binomio que indisolublemente trae consigo la estima o el desprecio por cualquier transacción comercial. Es fácil decir, con la información vertida anteriormente, que existe un precio detrás de cada decisión, bien sea tener un hijo, comprar un automóvil o un libro, sin darnos mucha cuenta de la fuerza que estas cantidades ejercen sobre nuestros impulsos diarios, y tampoco nos damos cuenta sobre los peligros que esto supone, ya que este poder tiene la cualidad de transformar en evidencia cuando, el no ver claro los precios con el bien, la distorsión de los precios hace que nos equivoquemos y suframos consecuencias graves. Resulta sorprendente la capacidad que tienen los precios para determinar las elecciones de la gente, y más todavía es sorprendente que los gobiernos no los utilicen más a menudo para guiar el comportamiento de los electores. Hay un ejemplo claro sobre esto: el partido en el poder actual avanzó enormidades cuando utilizó la promesa de que "no habría aumento en los precios de los combustibles". El efecto estuvo en los linderos de la magia. Sin embargo, hasta el presente no ha sucedido nada de lo prometido, y los votantes que favorecieron a este partido ya están a punto de olvidarlo. El mal de la promesa de la baja de precios, no cumplida, ¡ya está hecho! Sé, y bien que lo sé, que el tema de los precios es sumamente complicado y que tiene mucho que explorarse, lo cual no permite el espacio, por eso tengo que decir que el precio es un concepto sumamente peligroso. Si no se utiliza con cuidado, puede acarrear consecuencias no deseables. Con un ejemplo chusco se puede entender lo anterior: El gobierno australiano, preocupado por la baja tasa de nacimientos, en mayo de 2004 anunció que pagaría una "prima por bebé" de 3,000 dólares australianos por cada niño nacido después del 1 de julio. La respuesta fue inmediata. Las madres que esperaban bebé de cerca de esa fecha demoraron las cesáreas que tenían planeadas e hicieron todo lo posible por retrasar el parto. Los nacimientos disminuyeron durante todo junio. Y el 1 de julio, Australia experimentó más nacimientos en un solo día que en las tres décadas anteriores. Así, metiéndose en este concepto tan interesante, podemos entender muchas de las cosas que hacemos, ya que los precios están en todas partes. Todas las cosas tienen un precio que conforma un "gran precio de la vida". Existe un precio para ser feliz, incluso hay precios de las mujeres, que es el único, que creo, está mal empleado y que cae en la mayor de las tonterías de los humanos. Y para confirmar todo lo anterior es necesario llegar a decir que hasta lo gratuito tiene un precio. Los mismos economistas defienden que una economía no puede existir si se basa en cosas gratuitas, ya que violaría la férrea ley del universo conocida como "la comida gratis no existe", expresión que se originó en EU a mediados del siglo 20, cuando algunos perspicaces observadores se dieron cuenta de que la comida gratuita que ofrecen en los bares siempre va incorporada al precio de la bebida. Obtener algo gratis siempre aumentó su valor intrínseco. De aquí lo importante del precio, que hasta hace que la economía supedite al arbitraje del gobierno, en imponer el precio de los alimentos. Por lo anterior repito y añado: "la comida gratis no existe" y menos cuando intervienen los gobiernos.

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