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Todos somos Cuarón

Tiene razón Carlos Cuarón, hermano de Alfonso: "Como mexicano, creo que las 10 preguntas que él se hace nos las hacemos alrededor de 130 millones de mexicanos, exceptuando a toda la clase política, que se ha segregado de la sociedad, para ella no tenemos voz, deciden unilateralmente sea el partido que sea aunque acabe por joder al país". Si le preguntáramos a cualquier ciudadano o ciudadana mexicana qué entiende por reforma energética, tal vez, primero titubeará, enseguida acaso se rascará la cabeza y si se trata de una persona honesta, a lo mejor contestará algo como: "¿Neta? No entiendo ni papa...". Habría que decirle a Arturo Escobar, coordinador de los diputados del PVEM, que no porque se viva en México se entiende mejor la reforma. Que le pregunte a sus compañeros diputados, en especial a los de la bancada de su partido, qué opinan sobre la reforma.

Sí, todos somos Cuarón. Todos y todas le tenemos desconfianza al gobierno. No le creemos. Sabemos de la perenne y tradicional corrupción del intocable sindicato petrolero. No nos queremos imaginar los negociazos que se harán ahora con la inversión extranjera (que no quiere decir que no se hayan hecho hasta ahora). Como dice Cuarón en su pregunta número 7: "¿Cómo asegurar que la reforma incremente la productividad de Pemex si no se enfrenta el problema de la corrupción dentro del sindicato?". No se trata si la comunicación es técnica, compleja o esotérica o lo que sea, lo que importa, como decía el general Cárdenas, es "el modito", es decir, ser tomado en cuenta, no ser menospreciado, ser escuchado, tener oportunidad de hablar por cualquier medio. En otras palabras, participar en el debate. Si no permiten un debate amplio televisivo entre diversas corrientes y segmentos de la sociedad y el gobierno, es simplemente porque las televisoras son parte del mismo poder. No son partícipes de la información, sino de la desinformación.

Como dice la revista Time del 7 de mayo: "Suceda lo que suceda con la reforma petrolera como tal, la posición de Cuarón puede sentar un nuevo precedente en la política mexicana. Los actores y directores mexicanos, muchos de los cuales han obtenido su fama en las 'ardientes' telenovelas del país, se han mantenido por mucho tiempo apartados del debate con el gobierno. Cuarón, quien ha dirigido Niños del Hombre y Harry Potter y el prisionero de Azkaban, antes de llegar a la lista premiere de Hollywood con la película Gravity, ha cruzado nuevas fronteras. Aun cuando logró la fama en el extranjero, Cuarón dice tener hondas raíces y lealtad a su país de origen. 'Vivo fuera de México por circunstancias de la vida, pero mis raíces culturales están en México', esto mencionó Cuarón en una conferencia de prensa en la Ciudad de México, organizada después de su primera Carta Abierta 'Pienso como mexicano'".

En un número anterior del semanario Time, dedicado a las 100 personas más influyentes, el gran director de cine J.J. Abrams opina de Alfonso Cuarón, cuya fotografía en blanco y negro ocupa toda una página: "Hay mucho que admirarle a Alfonso Cuarón. Su talento, su humor, y su sorpresa de que todo el mundo lo vea hasta guapo. Podemos sin duda admirar su tenacidad, la cual le ha permitido hacer trabajos de lo más impresionantes y visualmente sorprendentes de la cinematografía reciente. O tal vez podemos admirar el hecho de que además de traer autenticidad y emoción a universos preexistentes (Harry Potter y el prisionero de Azkaban), Alfonso está haciendo películas muy originales, creando nuevos mundos y presentándonos a personajes no basados en propiedad intelectual que ya existían previamente. Como cierto personaje que seguramente vieron flotando solo en el espacio, Alfonso no tiene mucha compañía en el aire enrarecido en el que él, afortunadamente para nosotros, vive y crea. Brindemos por su permanencia en órbita".

Parece que la revista Time le da más crédito a la palabra de Cuarón que todos aquellos que lo han atacado por no tener derecho a opinar porque está lejos o porque es un cineasta que no entiende nada sobre la reforma energética.

No me resta más que expresar mi admiración y respeto por Alfonso Cuarón, un ciudadano mexicano, que no nada más es un winner, en todo el sentido de la palabra, sino que siente la responsabilidad, esté donde esté (aun en el espacio), de involucrarse en los problemas nacionales.

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