Opinión

Todos somos la iniciativa privada

DUDA RAZONABLE

Por  Jorge Villegas Luna

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.(Reforma)

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. | Reforma

¿Alguna vez ha vendido o comprado algún producto o servicio?, ¿en algún momento ha ayudado a promocionar un negocio familiar, de amistades o conocidos?, ¿ha comprado, vendido o promocionado a algún artículo de catálogo?, ¿ha consumido o producido algo sin la necesidad de que el gobierno intervenga? Pues bienvenido, usted forma parte de la iniciativa privada.

Definimos “iniciativa privada” como el conjunto de individuos u organizaciones cuya titularidad no corresponde al Estado. Es decir, el gobierno no tiene ninguna participación activa para la producción o modificación de algún producto o servicio, pero no es solo eso, también encontramos aquí a las organizaciones civiles sin fines de lucro como la Asociación Nacional de Apoyo y Defensa para la Mujer, A.C. (ANADEM).

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En los últimos años hemos vivido un sinfín de ataques a la iniciativa privada, estigmatizando su quehacer en la vida pública de México y todas las implicaciones que ésta tiene. Se ha puesto en el debate público calificativos como: fifí, señoritingo, la mafia del poder, puchos, blancos, aprendiz de mafiosos, pirruris, fresas, hampones, mafiosillos, mañosos, oportunistas, rufianes, salinistas, ladrones y sinfín de adjetivos que han hecho creer a una parte de la población que existe un enemigo (imaginario) llamado: “INICIATIVA PRIVADA”.

Todos estos calificativos promueven un análisis simplón y falaz de una situación compleja como la mexicana, pues encajonan a una amplia variedad de actores públicos en un mismo rubro, legitimando la creencia de que existen los mexicanos “de primera” y los mexicanos “de segunda”, promoviendo a su vez la polarización y radicalizando el pensamiento popular, generando brechas enormes entre la población.

Es una irresponsabilidad institucional seguir un discurso de estruendo que gana primeras planas pero lastima las raíces de nuestra sociedad; raíces que, dice el presidente, desea preservar y son la fuente del progreso mexicano.

Pareciera que al gobierno actual se le ha olvidado que ganaron la elección hace ya casi dos años de una forma abrumadora, que esa victoria está obligando al esquema político mexicano a reconfigurarse, pareciera que no se dan cuenta que son uno de los gobiernos que mayor bono de credibilidad han acumulado permitiéndoles rangos de movimiento más amplios. Con todo esto, pareciera que el presidente López Obrador prefiere perseguir fantasmas y cazar mitos en lugar de ejercer el poder y fomentar un estado de derecho que buena falta le hace al país.

Mientras el gobierno está encajonado en la eterna campaña política, en el ruido y la contaminación discursiva, la iniciativa privada más vocal sigue enfrascada en una lucha narrativa que quedó vapuleada en las elecciones de 2018.

Todos los comunicados que libera la Coparmex, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), entre otras, con planes o “recomendaciones” han sido dirigidas al presidente, con el deseo de entablar una relación bilateral con alguien que continuamente y en público ha injuriado todos los esfuerzos realizados por la iniciativa privada; dejando en el olvido a sus agremiados, a las bases que conforman dichas cámaras de comercio.

Las micro, pequeñas y medianas empresas son las grandes perdedores en este fuego cruzado, mientras el gobierno con una directriz profundamente NEOLIBERAL ha dicho que: “quiebre el que tenga que quebrar, (eso sí) con todo respeto”, los consejo empresariales los ocupan como escudo para ponerse al tú por tú con el presidente.

Si las cámaras coordinadoras desean realmente conectar con todos los que formamos parte de la iniciativa privada y no solo los agremiados deben empezar a hablar con directamente nosotros, establecer planes de reactivaciones locales e integrales, ayudas sistemáticas entre empresas que promueva los flujos de efectivo, capacitaciones que promuevan el crecimiento de las micro y pequeñas empresa y abrir canales de comunicación con la sociedad en general que les permita difundir todo lo que envuelve las tareas de los privados en el día a día de México; solo así podremos evitar la catástrofe que todos auguran; solo así se irán haciendo de la credibilidad necesaria para poder entablar una conversación con el presidente, solo así podrán desmitificar todos los adjetivos que se nos han otorgado.

De otra forma, vamos a seguir viendo a nuestro México dirigiéndose a dos barrancos distintos, el del capricho gubernamental y el de la necedad de las representatividades de la iniciativa privada.
Adendum 1: en épocas de crisis, el sentimiento más común es el miedo, la comunicación debe estar enfocada a promover certidumbre y fortaleza, el liderazgo que se requiere es uno que fomente consensos, incluso con las oposiciones, es ahí donde van a encontrar los huecos narrativos que el presidente ha dejado y que, parece, nadie quiere ocupar.

Adendum 2: la percepción de quién es la iniciativa privada recae únicamente en las vocerías de las cámaras de comercio y coordinadores empresariales, abrirse y fomentar la inclusión entre privados, permitirá a la sociedad ampliar su panorama y darse cuenta que dependemos más de nuestros esfuerzos privados que de caprichos gubernamentales.

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