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Opinión

Tres haciendas exitosas de la región del Évora durante el porfiriato

ESPECTADOR

Por Jesús Rafael Chávez Rodríguez

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Uno de los temas de mayor interés al estudiar la historia de la región del Évora, en lo personal, ha sido las familias empresariales y la evolución de sus actividades económicas, y hurgando en el pasado de las familias empresariales modernas del siglo XX en este espacio tan delimitado, sabemos que en su base se encuentran las haciendas. Empezaremos diciendo que en el noroeste de México la haciendas se caracterizaron por ser lugares privilegiados para la producción y comercialización de todo tipo de productos, algo similar a los centros comerciales que hoy conocemos, pero con abasto propio. En la actualidad solo conocemos las ruinas de los cascos de las haciendas cuya época de esplendor se remonta al siglo XIX, y sobre todo al periodo porfirista. En esta ocasión solo veremos el caso de tres de ellas. 

Una de las más grandes compañías de la región, o mejor dicho, del distrito de Mocorito a fue lo que formalmente se llamó Sociedad Mercantil Colectiva “Inzunza Hermanos”, constituida el 4 de abril de 1886 y ubicada a unos 6 km. de la villa del mismo nombre. Según los documentos notariales su objeto principal se basaba en las ventas por mayoreo y menudeo, con un capital de 2 mil pesos, invertidos en su totalidad por uno de sus propietarios: Manuel Inzunza, ya que los otros dos hermanos, Pedro y Ramón, participarían en la sociedad con su fuerza de trabajo, hecho que repercutiría en la división del porcentaje de las ganancias, Manuel con 50%, Pedro 40% y Ramón 10%. 

Este tipo de empresas puede verse como parte de la modernización imperante de la época, ya que presentaban cierta organización en las sociedades comerciales, aunque la base aún fuera familiar. Una cosa curioso es que estaban regidos por una serie de cláusulas que definían las responsabilidades y obligaciones así como los beneficios: para el resultado de la sociedad, se hará un inventario cada año liquidando el haber que resulte a cada socio […] las utilidades no se extraerán en caso de necesidad injustificada, no pasando mayor de 15% sobre las utilidades para cada socio […] se otorgarán nombramientos a personas prácticas en el comercio […]”. 

Además otro aspecto de la modernización de la hacienda de los Inzunza pudo verse en la adaptación de nuevas tecnologías que empezaban a implementarse y representaban ventajas competitivas dentro de la región. El historiador Samuel Ojeda señala que “para inicios de la última década del siglo XIX, esta hacienda se encontraba dotada de un buen equipo de maquinaria compuesto por: 1 caldera, 2 máquinas de vapor, 1 desmenuzadora de mezcal, 1 raspadora de ixtle, 1 molino, bombas diversas, etc.; equipo utilizado para la elaboración de panocha, aguardiente de mezcal, ixtle y para moler trigo; lo anterior como productos procesados, ya que además de ello la cosecha de productos agrícolas era muy variada.” 

En 1899, después de la muerte de Manuel Inzunza, como era de esperarse, la hacienda Tres Hermanos fue adquirida por Antonio Echavarría, quien daría continuidad a la actividad agrícola y comercial, a la vez que incursionaba en otros negocios como era compra y venta de ropa y abarrotes, tanto extranjeros como del país…y una línea de carruajes de Culiacán al pueblo de Ocoroni, lo que dio mayor preponderancia a dicha casa comercial.  

Asimismo, la hacienda propiedad de Buenaventura Casal adquirió relevancia hacia la segunda mitad del siglo XIX. El catalán dueño de la hacienda avecinado en Sinaloa adquirió la mayor parte de los terrenos de la zona semidesértica de la Ciénega (provista de aguas termales) para construir ahí un núcleo de operaciones comerciales aprovechando las ventajas del camino nacional, según los plantea Juan Salvador Avilés, basado en documentos notariales: “Lázaro Castro y Ramón Montoya vecino de Santa Rosa el primero y el segundo de la Ciénega y representante de Don Buenaventura Casal comparecen ante el juzgado, exponiendo el Sr. Castro que tienen concertada con el Sr. Casal la venta del derecho que él representa en todos los terrenos de la Ciénega y que adquirió primeramente por compra extrajudicial que hizo a Ascensión López y después por compra hecha al Supremo Gobierno de la Nación, de las excedencias y demasías del mismo terreno. Dichos terrenos, Don Lázaro los vende a don Buenaventura en 50 pesos que es justo y verdadero valor del verdadero derecho de tierras, cuyo dominio y propiedad renuncia, cede y traspasa a favor del Sr. Casal.” 

La hacienda de Ciénega de Casal se constituyó en poco tiempo como una unidad productiva de corte capitalista que actuaba como abastecedora de los centros mineros de las zonas altas, en competencia con la villa de Mocorito. Debido a la actividad minera de la época, la navegación tuvo un papel muy importante, por lo que empresarios como Buenaventura Casal optó por construir un camino vertical que conectara su empresa con un pequeño puerto llamado Playa Colorada, lo que activó su economía aún más, ya que por este puerto comercializó productos regionales como oro, plata, plantas tintóreas (palo de Brasil), carnes, entre otros. 

Ciénega de Casal no era otra cosa que una hacienda que, por iniciativa del propietario obtuvo un lugar sobresaliente como centro de comercio entre la zona montañosa dedicada a la actividad minera. Por otra parte, es de mencionar que Buenaventura tenía marcada influencia con el Gobernador del estado Francisco Cañedo, pues según lo menciona Amado Medina “cuando éste venía a la región pasaba de largo por Mocorito para entrevistarse y visitar a su amigo”. Esta amistad con el gobernador hizo que Casal fuera uno de los hombres más poderosos de la zona.  

Por esta razón, la hacienda se convirtió en un espacio importante debido a la actividad minera de la zona de los altos desde finales del siglo XIX, entre los que destacaban poblaciones como San José de Gracia, ubicada en los márgenes del río Petatlán o Sinaloa. Además, para beneficio de Casal en esta zona se encontraban también los placeres de oro de Bacubirito, de los cuales los habitantes de este pequeño poblado sacaban chispas, algunas de las que llegaban a pesar hasta quince onzas, lavando las tierras del río y de los arroyos inmediatos en aparatos de madera primitivos. A corta distancia de Bacubirito se encontraba el mineral de La Joya, en donde se explotaba el metal de plata y oro producido por una potente veta. 

Otra unidad productiva de suma importancia de la época fue la hacienda de los Peiro, ubicada en la zona limítrofe de la región, en la parte intermedia de Mocorito y Culiacán. Los hermanos Inés y Melesio Peiro estuvieron al frente de la casa comercial sociedad “Peiro Hermanos” establecida en 1869; años más tarde ampliaron sus negociaciones mediante la constitución de “Peiro Retes y Compañía” con su cuñado Guillermo Retes. 

Al igual que las haciendas “Tres Hermanos” y Ciénega de Casal, ellos incursionaron en actividades comerciales y agrícolas adquiriendo mayor éxito durante el periodo porfirista (cañedismo en Sinaloa). Samuel Ojeda alude que esta hacienda, se encontraba situada en condiciones naturales propicias para el desarrollo de la agricultura, a lo que se sumaron las innovaciones tecnológicas de la época; además del apoyo otorgado por el gobierno de Cañedo, asegurando así su prosperidad. 

Posteriormente y constituida bajo otra razón social (Peiro Hnos. y Cía.) la actividad de mayor importancia fue la elaboración de aguardiente, cuyo comercio se realizaba en el distrito de Mocorito y los centros mineros de la región, así como en Culiacán y el puerto de Mazatlán. Cabe destacar que a finales del siglo XIX el distrito de Mocorito era relevante por encontrase en su zona de influencia dos de las tres negociaciones productores de aguardiente de primera clase en Sinaloa, Peiro Hermanos e Inzunza Hermanos.  

El éxito de los Peiro fue resultado de la sustitución de los arcaicos instrumentos de producción por modernas maquinarias compuestas por bombas, alambiques de vapor y otras. Con la adquisición de nueva maquinaria, como raspadoras de ixtle, se convirtieron también en exportadores de fibras de henequén, actividad que se complementó con la producción de cereales y ganado.

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Las haciendas mencionadas, establecidas sobre los caminos nacionales, cuyo auge se remonta a finales del siglo XIX y principios del XX, constituyeron parte importante para el desarrollo económico de la región del Évora durante el porfiriato. Estos entes económicos lograron establecer vínculos comerciales con la zona de los altos, actuando como puentes entre las negociaciones mineras y la salida de sus mercancías, así como en su abasto. 

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