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Triquiñuelas en el PAN

ESTRICTAMENTE PERSONAL

La designación de un nuevo presidente del PAN no resolvió el problema de fondo que vienen arrastrando desde hace muchos meses. Si bien comparten los aspectos programáticos, que no son un tema menor, Gustavo Madero y Ernesto Cordero representan dos visiones de partido y dos proyectos políticos cuyo método tienen fragmentado al partido. La jornada del domingo fue la coronación de meses de guerras de lodo que terminaron con una nueva batalla en el fandango que comenzó prácticamente desde que se abrieron los casi mil 300 centros de votación en el país, en donde hubo acusaciones de desinformación, sabotaje e incluso robo de urnas de los que enteraron a la opinión pública. Lo que no fue público es que el detonante de esas acciones y quejas no fueron de generación espontánea. Hay evidencias de que hubo intentos de descarrillar la elección y sembrar la semilla para la ilegitimidad, aunque pruebas aún no.

Si todas las encuestas de salida favorecían a Madero, ¿a quién si no a él le perjudica una enorme mancha sobre su victoria? Al mismo tiempo, si las irregularidades afectaban en su totalidad a Cordero, ¿quién si no el senador, es la víctima de la jornada? Sin embargo, la suma de dos en esta elección no da cuatro. Es decir, lo que se ve no necesariamente es, aunque tampoco se podría acusar directamente a Cordero y a su equipo de haber creado escenarios de triquiñuelas para que el triunfo de su adversario quedara en entredicho. La presidenta del PAN, Cecilia Romero, admitió que hubo manos extrañas en el proceso, pero no apuntó responsabilidades en ninguna dirección.

El incidente que prende la maquinaria para las irregularidades fue la denuncia de la campaña de Cordero que desde el equipo de Madero se habían enviado mensajes SMS de teléfonos celulares a los militantes panistas para informarles que se había suspendido la votación. Los corderistas lo denunciaron rápidamente y en el curso del día el propio candidato presentó su queja ante las autoridades electorales. Sin embargo, de acuerdo con toda la información recabada, los SMS no salieron del cuarto de guerra de Madero y la persona responsable de esa herramienta de comunicación, nunca la usó. El propio equipo de Madero inició una investigación que permita llevarlos al equipo de donde se enviaron esos mensajes.

Poco antes de que cerraran las votaciones, el equipo de Cordero reportó el robo de la urna en la que votó él a primera hora en la mañana, en la Delegación de Cuajimalpa, al poniente de la ciudad de México. Se informó que un sujeto se la llevó y que la tiró unas cuadras más adelante. Es cierto que pudo tratarse de un bromista, pero más parece la obra de un provocador que dio motivo para que Cordero anticipara que van a presentar su queja ante el Comité Ejecutivo Nacional del PAN. El hecho, enormemente atractivo para los medios, marginal en términos de voto –salvo que hubiera sido una elección extremadamente cerrada-, contribuye sin embargo a pintar el proceso de trampas.

La elección de este domingo parecía resuelta, en el ánimo de los dos equipos, desde el jueves pasado, cuando Cordero dejó de invertir en su campaña, justo cuando tendría que haber hecho un cierre ciclónico. La razón, de acuerdo con los panistas, es que se quedó sin dinero –las encuestas desfavorables espantaron a los financieros-, y ya no quisieron en su campaña hacer esfuerzos extraordinarios para inyectar recursos en un barril sin fondo. Para efectos prácticos sería como conceder la derrota, pero ni Cordero ni varios de sus colaboradores en el primer círculo suelen darse por vencidos de antemano. ¿Significa que fueron los corderistas quienes buscaron llenar de ilegitimidad la jornada y por tanto, el resultado?

Una vez más, como se dijo anteriormente, no se puede probar nada todavía. Quizás nunca. Pero lo que sucedió sirvió para tensar el proceso detrás de bambalinas ante los resultados de las encuestas de salida. Al menos cuatro casas encuestadoras las realizaron para las dos campañas y según el reporte de todas, siempre estuvo Madero adelante. La diferencia con Cordero era sólo por el porcentaje. La mayor diferencia, de 22 puntos a las 14:30 horas, la dio Mendoza Blanco; la más cerrada, siempre por debajo de un dígito, la de ARCOP. Los reportes en el equipo de Madero la tarde hablaban de grandes ventajas en los principales territorios electorales azules, Jalisco, Nuevo León, Puebla, Sonora y Veracruz, con sólo una pelea muy competida en el sexto campo de batalla tradicional, Guanajuato.

Al cierre de las casillas estaba lejos de saberse oficialmente quién había ganado la elección, pero había señales de por dónde iría el resultado. Antes incluso se cerrarse las casillas, los corderistas se levantaron de la mesa que se había instalado en el PAN para ventilar las irregularidades, con el argumento de que su encuesta final de salida daba una diferencia menor de tres puntos. Demasiado ruido y encono pre-configuran un conflicto post electoral y una mayor división. El resultado del proceso es irrelevante. Ganara quien ganara, las dos visiones de partido y los dos proyectos políticos, seguirán fragmentando al partido, que es lo que este domingo aparecía como punto sin retorno.