Opinión

Un PAN de brazos caídos

En los hechos buena parte del panismo ya está resignando a perder. Creen que así recuperarán el partido. Pero esta actitud, que de nada sirve, sí tendrá un costo político mayúsculo.

Por: Aarón Sánchez

El PAN es un partido que parece resignado a perder la próxima elección. Su lucha política no es en contra de sus adversarios, sino contra sí mismo. Hoy por hoy, el peor enemigo de un candidato panista es parte de la misma militancia panista. Esta actitud es incomprensible, pero las evidencias así lo señalan.

La candidatura de Ricardo Anaya no avanza. Algo tiene que cambiar ya. Según diversas encuestas se mantiene en segundo lugar, pero está estancada. Incluso, ya empieza a retroceder. Efectivamente, Anaya está siendo fuertemente atacado por el PRI y es normal que eso suceda en una campaña electoral.

Lo que no es normal es que los más fieros atacantes sean quienes que hasta hace muy poco eran miembros distinguidos del PAN. Tampoco es normal que muchos que sí son militantes respondan abiertamente que no votarán por Anaya, sino por candidatos de otros partidos adversarios.

Además, ante la vapuleada mediática que hay en contra del candidato panista, llama la atención que nadie intercede en su defensa. Los gobernadores del PAN se comportan como todo les fuera ajeno. Los senadores se encuentran divididos y muy pocos aparecen al lado de Anaya. Algo similar sucede con los diputados federales y locales. También empresarios y partidos aliados están ausentes.

Algo extraño sucede al interior de Acción Nacional. Ello afecta la candidatura de Anaya. La coalición electoral luce cada vez más frágil. No existe liderazgo partidista y el esfuerzo electoral recae en un candidato que está siendo muy golpeado mediáticamente, y que carece de suficiente respaldo político y electoral.

En Sinaloa sucede algo similar. El PAN está fracturado. Era un partido democrático, pues en su interior existían reglas claras para elegir candidaturas. Sin embargo, en algún momento se permitió la violación de procedimientos que les garantizaban transparencia y cohesión política. Nada de eso ocurre ahora.

En Sinaloa, hoy el PAN es enemigo de sí mismo. Está en un confuso laberinto. La definición de candidaturas detonó conflictos mayores porque los espacios son reducidos. Solo tienen opción de nombrar un candidato al senado, a cuatro diputaciones federales, a seis alcaldes y a 10 diputados locales. Pero dada la situación, muy pocos de ellos podrán triunfar.

Los conflictos internos en el PAN ponen en riesgo las posibilidades electorales de la coalición. Hay demasiados militantes y dirigentes que se mantendrán de brazos caídos durante la campaña. En los hechos buena parte del panismo ya está resignando a perder. Creen que así recuperarán el partido. Pero esta actitud, que de nada sirve, sí tendrá un costo político mayúsculo.

Lo más sensato es hacer a un lado discrepancias entre grupos, fortalecer la unidad, y trabajar intensamente para hacer ganar a sus candidatos. Porque no hay mañana. Una oportunidad histórica como la de hoy, difícilmente volverá a repetirse en muchos años. Ojalá predomine la sensatez política.