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Un beso para Anel

DESDE LA CONFRATERNIDAD

Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen (Willy Brandt)………..Ayer Anel estaba viva, llena de ilusiones, de sueños, de pensamientos propios de su juventud. Vivía una de las etapas más bonitas y recordada por todo ser humano: la época de estudiante. El espacio de la vida pleno de amistades, de travesuras, de fiestas, de pretendientes, de amores inocentes. Tiempo en el que no piensas en el futuro, sólo vives el presente a plenitud. Hoy Anel está muerta, asesinada de la forma más brutal e inconsciente que sólo una mente desquiciada puede imaginar. 65 arteras puñaladas segaron su vida cuando sólo había cumplido 16 años de edad. Sólo 16 míseros años en una bella y alegre muchachita que tenía toda una larga vida por delante. Anel se fue de este mundo dejando a sus padres sumidos en un profundo dolor, en una incontrolable desesperación, en una insoportable impotencia. Anel no tendrá la satisfacción de culminar una carrera, de desarrollarse profesionalmente; no conocerá a su esposo, no sabrá de matrimonio, no tendrá la satisfacción de parir y amar a sus hijos, a sus nietos. Anel ha sido cobardemente asesinada. ¿Las causas? Las que hayan sido, este asesinato nos debe hacer reflexionar a todos, a toda la sociedad de Salvador Alvarado. Como padre o como madre, como autoridad, como maestro, como vecino, en el papel que estemos desempeñando en la comunidad, debemos preguntarnos si estamos cumpliendo en lo que nos corresponde. Este absurdo crimen es producto de la descomposición social a la que hemos dejado llegar a nuestro querido pueblo, a Sinaloa todo. Este hecho refleja el distanciamiento que existe entre padres e hijos, la desunión y poca comunicación entre la familia. El importamadrismo que asumimos ante los hechos que suceden día tras día en otras ciudades, en otras colonias, en otras familias, en otros jóvenes, pensando que a nosotros nunca nos pasará eso. Creyendo que estamos blindados ante accidentes de esta naturaleza. Es reflejo de la poca atención que ponemos en la conducta de nuestros hijos y de la nula experiencia que obtenemos de las acciones de los hijos de los demás. Guamúchil no es la pequeña comunidad en la que crecieron nuestros padres, en la que enterramos el ombligo; aquella en la que todos nos conocíamos, donde la palabra del jefe de la familia era acatada sin discusión, donde maestros distinguidos se involucraban en el comportamiento de sus alumnos y nuestros padres se lo permitían, en la que se dormía con las ventanas y las puertas abiertas. Guamúchil no es el pueblo resguardado por un solo y respetado policía; es una ciudad con cerca de 70,000 habitantes, muchos de los cuales arribaron de otros lugares con costumbres y actitudes diferentes, pero que hoy, lo aceptemos o no, formamos una sola sociedad, una sociedad con una escala de valores muy desigual al Guamúchil de nuestros tiempos. Honremos la memoria de Anel, unificándonos para coadyuvar al orden y reforzamiento de los valores que debe regir la actitud de quienes formamos este conglomerado. Autoridades, padres de familia, maestros, estudiantes, clubes de servicio, organizaciones civiles, partidos políticos, todos como uno solo iniciemos hoy la organización de actividades deportivas, culturales, cívicas, familiares, de convivencia, de amistad, de respeto. Es la hora de recomponer el manifiesto divorcio que ha persistido durante los últimos años entre las autoridades municipales y sus gobernados. No tuve la oportunidad de conocer a Anel, pero no era necesario haberla conocido para repudiar y lamentar tan terrible crimen. Soy abuelo de cuatro inquietas nietas, de 22, 19, 15 y 9 años de edad, que me gritan en mi consciencia que esto no puede ni debe estar sucediendo. Un beso para Anel donde se encuentre, y mis respetos y solidaridad a sus padres en este difícil momento.

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