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Un costal apodado 'Perro'

MI PUNTO DE VISTA

Desde la óptica de algunos analistas capitalinos, Saúl "Canelo" Álvarez se desenvolvió como una "extraordinaria figura" arriba del cuadrilátero en su combate contra el "Perro" Angulo.

Desde la óptica de quienes hemos cuestionado su carrera a través de la pantalla chica, y en una ocasión en vivo —en aquella pelea contra Carlos Baldomir—, el tapatío sigue siendo un producto de la televisión, y nada más.

Mientras que unos cuantos halagan el desenvolvimiento de Álvarez en este desafío, las mayorías piensan diferente, y coincidimos con todos ellos en el sentido de que el boxeador mexicano no termina su proceso de aprendizaje para dominar un deporte en el que se requiere algo más que el aparato publicitario que lo rodea y envuelve.

Saúl tuvo una noche tranquila porque enfrente estaba un rival a modo que nunca le exigió emplearse a fondo. Digamos que fue una especie de entrenamiento público pagado (con más de 14 mil espectadores en las gradas). Y muchos de esos mismos que se engancharon para acudir a presenciar una pelea que no hubo, terminaron por abuchearlo, aunque el jalisciense trató de maquillar esos reclamos argumentando que fueron seguidores de Angulo quienes arrojaron objetos, molestos por la batalla que ofreció.

No se puede calificar de pelea un duelo que desde el primer campanazo resultó de un solo lado.

Las limitaciones físicas y técnicas del exolímpico lo exhibieron como un boxeador más para el retiro que para alguna hazaña.

Durante casi todo el combate, el "Perro" no "ladró", y mucho menos ofreció resistencia. Sus golpes, sin potencia, jamás lastimaron al excampeón mundial Superwelter, quien a propósito, previo al compromiso tuvo que desembolsar 100 mil 'dolarucos' que fueron al bolsillo de Angulo, para que este permitiera modificaciones al contrato, elevando de 154 a 155 libras el peso pactado, porque el primero de ellos no lo daría.

El mexicalense aceptó la oferta, pero puso como condición que al día siguiente, y sin que pasaran de las 3 de la tarde, debía pesarse y no registrar más allá de las 168 libras, unos cuantos gramos arriba del tonelaje que Julio César Chávez Jr. marcó una semana antes en su duelo contra Bryan Vera.

Referee. Algunas protestas fueron dirigidas al árbitro Tony Weeks. Los inconformes lo calificaron de pésimo trabajo al considerar que estuvo más parada la reyerta.

Pero en realidad el moreno debió haber detenido las acciones, en mi punto de vista, desde el cuarto o quinto asalto, porque nunca hubo oposición para el "Canelo". El "Perro" había dejado en casa, o tal vez ya en el recuerdo, que alguna vez se comportó como una auténtica fiera arriba del ring.

Y en mi opinión, Weeks no hizo otra cosa más que evitarle una lesión irreversible.

"Travieso". En Ensenada tampoco hubo combate, pero sí un ganador: Jorge Arce.

Al mochitense le pusieron enfrente a un adversario nada peligroso que le permitiera lucirse ahora en la división de los pesos Pluma, y hacerle creer que tiene todavía los recursos suficientes como para pensar en un sexto campeonato mundial, cuando todos sabemos que a estas alturas de su carrera, lo más reconocible en el sinaloense es su corazón de guerrero.

Lo habíamos sentenciado aquí mismo que se trataba también de una pelea totalmente dispareja. Y así sucedió. Pero insistimos, Arce no tiene la culpa de la poca calidad de enemigos que le asignan.

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Ayer Dios me permitió escribir estas líneas; hoy sólo Él sabe si podré hacerlo de nuevo.