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Opinión

Un gobernador sin beneplácito presidencial está ponchado

DEVERAS

Por: GERARDO VARGAS LANDEROS

Si algo enseña la Historia de Sinaloa, es que cuando el gobernador del estado no está en buenos términos con el presidente de la República, al estado le va mal, por la sencilla razón de la dependencia que tiene Sinaloa del presupuesto federal: más del 90 por ciento. Y se da el hecho de que el que ordena que se abra la llave del erario en chorros o en cuentagotas es el presidente de la República, por más que se alegue la vigencia de una programación presupuestaria de normas institucionales y de partidas etiquetadas. Por lo tanto, el discurso del gobernador Quirino Ordaz Coppel (nos va a ir a toda mad***) en El Rosario ante el presidente Andrés Manuel López Obrador es el más oportuno, de ninguna manera oportunista, que era loable pronunciar, por el bien y prosperidad de Sinaloa.

Indefectiblemente, los gobernadores que presentaron resistencia a la línea política del presidente de la República salieron maltrechos. Se pusieron con Sansón a las patadas y así les fue, sufrieron en carne propia la sequía presupuestal, pero los verdaderos “paganos” fueron los habitantes de Sinaloa.

1.- El Benemérito separa al general Plácido Vega de la gubernatura y le encomienda la misión de comprar armas y parque en Estados Unidos. No hay una sola calle o callejón que lleve su nombre.

Y todo porque cayó de la gracia de don Benito.

2.- El presidente Porfirio Díaz, a pesar del desgaste de sus 30 años de Gobierno dictatorial, pudo hacer prevalecer el poderío central sobre el descontento generalizado e imponer en las elecciones de 1909 a Diego Redo como gobernador, sobre José Ferrel, el candidato popular.

3.- El ingeniero y coronel Juan de Dios Bátiz, un humanista y educador, era un gobernador que no colaboraba con la cruel campaña de expulsión de la colonia china. Esto lo malquistó con el presidente Calles, que lo conminó a renunciar.

4.- La pública y notoria animadversión del gobernador Loaiza y el presidente Ávila Camacho terminó cuando el primero fue asesinado durante el Carnaval de Mazatlán el 21 de febrero del 1944.

5.- En 1949, en que el gran elector incontrastable era el presidente, Miguel Alemán le dio luz verde al senador Enrique Riveros Castro, quien se fue a celebrarlo con sus amigos al bar El Establo del hotel Regis. Ahí, en plena euforia alcohólica, Riveros gritó: “En esta bolsa tengo un millón de pesos y en esta otra la gubernatura de Sinaloa”. Lo supo el presidente Alemán y hasta ahí le duró el gusto al senador mocoritense.

6.- El presidente Adolfo Ruiz Cortines en 1953 dio línea al Congreso local a fin de que al eminente abogado y poeta Enrique Pérez Arce se le concediera licencia al cargo de gobernador.

7.- Por jugarle las contras al presidente Díaz Ordaz en su propia sucesión, el gobernador Sánchez Celis, en su sexto informe de gobierno, sufrió la humillación de que el representante presidencial fuera un funcionario de segunda fila y no un secretario del gabinete.

8.- El gobernador Valdez Montoya tuvo que apechugar innumerables menosprecios del presidente Echeverría, por negarse a que una parte del agua de Sinaloa, en virtud del Plan Hidráulico del Noroeste, se la llevaran a Sonora.

De manera que abundan los hechos que muestran que si un presidente de la República no ve con buenos ojos a un gobernador, lo puede ponchar en el momento que se le antoje. Ponchar en las dos acepciones de la palabra: la beisbolística de ponerlo out por los tres strikes y la otra de desinflarle las llantas.

¡Gulp!