Opinión

Un huracán llamado Morena

Por  Fernando Zepeda

Un huracán llamado Morena. No nos referimos al hecho de haber arrasado electoralmente el 2018. ¡No!, nos referimos a los destrozos, a los daños y desorden que han traído a Sinaloa los alcaldes, los diputados locales, los diputados federales, que con su complicidad o ignorancia lo han permitido. Y también lo que les toca a los senadores (dos) de ese partido que parecen complacientes, displicentes por las cosas que suceden en el estado. Los alcaldes de Mazatlán, Luis Guillermo Benítez; de Culiacán, Jesús Estrada Ferreiro; de Ahome, Guillermo Chapman; de Guasave, Aurelia Leal, y de Escuinapa, Emmett Soto Grave. A ellos se suman los desaciertos, actos de ignorancia, falta de preparación con su desgano a aprender de los diputados de Morena que forman la mayoría en el Congreso del Estado. Alcaldes y legisladores son la primera línea de contacto directo con el ciudadano. Y en un año se han encargado de exhibir sus grandes limitaciones. Lo que está sucediendo en los municipios gobernados por alcaldes de Morena es para preocupar a todos. Pareciera que están empeñados en ponerse obstáculos. Parecieran estar empeñados en destruir en lugar de construir. Traen como el caso de Mazatlán y Ahome un pleito contra el mundo. Como si hubieran perdido la elección. No se han dado cuenta que ganaron. Que hoy son autoridad. Que hoy les corresponde resolver los problemas y carencias de sus respectivos municipios y hacerlos que progresen. Ya perdieron alcaldes y diputados todo un año la tercera parte de lo que constitucionalmente les corresponde. Y no se ve manera de que cambien. Al contrario, arrastran a Morena hacia el despeñadero. ¿Quién se dará cuenta de eso?, y ¿quién pondrá orden en este descomunal desorden?

Al diablo la imagen y desarrollo. El alcalde Luis Guillermo Benítez no ha medido los daños que arrojará su vendetta contra el empresario Rodolfo Madero, el haberle “clausurado” la obra Camino al Mar en una clara persecución política burda que exhibe las grandes limitaciones que se viven en el Ayuntamiento, y en lugar de buscar conciliar y llegar a un acuerdo que permita que la obra se sujete y resuelva las observaciones, el alcalde mandó al Secretario de Promoción Económica, David González Torrentera, a echarle gasolina al conflicto. El mensaje que manda el Alcalde con esta acción visceral, sin duda podría afectar a la inversión que se tiene en Mazatlán, y particularmente a las inversiones que pretenden venir a este municipio. ¿Quién en sus cabales vendrá a exponer su dinero en un proyecto o desarrollo sin el temor de que en un momento a otro el alcalde ordene clausurarles? Mencionamos a Camino al Mar por más reciente, pero hay otros menos cuantiosos, pero no por eso menos importantes, que han resultado dañados por el capricho del alcalde. Ahí está los juegos acuáticos instalados frente la Playa Norte, que no pueden comenzar a operar por la sencilla razón de que el alcalde no quiere. Mal mensaje el que se está enviando a los inversionistas que están jugándosela en Mazatlán y para quienes pretendían venir y que podrían buscar mejor otros lugares en donde se tenga certidumbre y seriedad de parte de las autoridades municipales para invertir sus dineros. Mazatlán, hasta antes del Químico, estaba considerado como el “destino de moda” para visitar e invertir. Y se corre el riesgo de que eso acabe. 

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