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Opinión

Un loco y seis megalómanos

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Por: Rodolfo Peña Fárber

Con improcedente delirio se ofrecen siete personas como candidatos a la Presidencia de México, como participantes en el próximo proceso electoral. Improcedentes porque es impensable que tales gentes sean aptas para tan complejas funciones.

El derecho de todos los mexicanos de “votar y ser votados” se queda muy corto ante las exigencias del sentido común, que requiere aptitudes especiales, pues está en juego el destino de cien millones de seres que estamos cargando con una herencia política de doscientos años de errores y traiciones, al lado de un monstruo atrabiliario y codicioso que constantemente nos abruma con sus transgresiones, que es Estados Unidos.

De esos siete pretendientes, López Obrador es un enfermo mental; Meade parece judío; el Bronco tiene mala fama; Ríos Piter parece extranjero; Anaya ha sido causa de escándalos; y los dos restantes son mujeres, producto del feminismo decretado por la ONU y que sería una continuación de la absurda costumbre de copiar todo lo que se hace en Estados Unidos, que en este caso significa el afán de imitar a Hillary Clinton.

No podemos seguir permitiendo el declive causado por la frustración de lo que debe ser el sistema político, que para los involucrados significa la realización de sueños estrictamente egoístas, generadores de fantasías megalómanas que aspiran a un lugar en la historia, para mostrar a todas las generaciones futuras la grandeza de esos protagonistas, tan desproporcionadamente pequeños ante las necesidades de la nación.

Las autoridades electorales deben colocarse por encima de las reglas del procedimiento electoral, tan fáciles de satisfacer, desechando todas esas candidaturas descabelladas y estableciendo los medios para la búsqueda de hombres egregios que garanticen la salud de la patria.