Opinión

Un mejor futuro

Por  Jorge Luis Lozano

La idea de que los niños jornaleros son “personas foráneas”, ajenos al territorio sinaloense y hasta a la cultura, es parte de la tragedia que enfrentan estas víctimas de la pobreza extrema y que permiten que cada vez más de ellos enfrenten peligros mortales en los campos agrícolas. Intoxicaciones por productos químicos, accidentes con maquinaria y hasta insolaciones son las causas principales de muertes de niños jornaleros. 
Organizaciones como Save the Children estiman que cada temporada de cultivo en el país llega a cobrar una cuota de siete vidas de niños en los campos agrícolas.
La situación es grave, si se toma en cuenta que aparejado a la presencia de niños en los campos agrícolas se comete la violación de los más elementales derechos de los infantes: el derecho al sano desarrollo, a la educación y a la equidad. 
Por cada uno de los niños tolerados en los campos agrícolas, se consciente la creación de futuros ciudadanos sin educación, sin mejores opciones laborales y salud.
Tan solo en el municipio costero de Escuinapa se ha detectado en los últimos dos operativos un total de 400 niños que son “arrastrados” por sus padres a los peligros del campo.
Sin opciones, los niños juegan, a veces trabajan en las condiciones más difíciles. Enfermos, con padecimientos que traen desde sus lugares de origen, su salud no hace más que deteriorarse aún más.
La situación es más grave en los campos del centro y del norte de la entidad, donde los jornales son más amplios y su presencia es fácil que se escape a las inspecciones.
Urge que los tres niveles de Gobierno implementen estrategias integrales y contundentes para garantizar que los derechos de los niños jornaleros se respeten y que este país les ofrezca la posibilidad de un mejor futuro.