Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

0 0

Un nuevo modelo de desarrollo para México

La misión de los empresarios es crear empleos para contribuir al crecimiento sostenible de la economía, generando con ello opciones de desarrollo y oportunidades para mejorar la calidad de vida de las personas.

Esa tarea cobra gran relevancia hoy que enfrentamos el reto de acelerar el crecimiento de México. Tenemos la plena certeza de que las reformas de Energía, Telecomunicaciones, Competencia Económica y Financiera nos darán el impulso para crecer; sin embargo no podemos esperar pasivamente a que den frutos, necesitamos actuar y promover los cambios que nos permitan dejar atrás el crecimiento inercial de las últimas tres décadas, empezando con los cambios que necesita nuestro sistema educativo para adaptarse a la realidad y a los requerimientos del siglo XXI.

El débil crecimiento de México se explica en buena medida porque no hemos dado el salto hacia una verdadera sociedad de conocimiento. Hoy tenemos cerca de ocho millones de jóvenes que no estudian ni trabajan y muchos de los que tienen acceso a la educación, se enfrentan al desempleo, por la falta de vinculación entre lo que estudian y lo que las empresas y la economía demandan.

De un universo de casi 10 millones de profesionistas mexicanos evaluados por el IMCO, cerca del 20 por ciento son abogados o contadores. Sin duda, esas son profesiones relevantes para el curso diario del país; el problema es que han enfrentado por años un exceso de demanda, en contraste con carreras orientadas al desarrollo tecnológico, que atraen a pocos jóvenes.

El reto es lograr un equilibrio entre los distintos tipos de carreras y vocaciones profesionales. Es preocupante que casi un tercio de los empleadores enfrente dificultades para cubrir puestos de trabajo formales, porque les resulta difícil encontrar personas con la capacidad, formación y preparación indispensables para cubrir algunas vacantes.

Coparmex se pronuncia por un acuerdo nacional para impulsar un modelo de desarrollo de Triple Hélice, que nos permita lograr un aumento sostenido de la productividad, de manera tal que la innovación permanente que se genera en las universidades y centros de investigación, encuentre empleabilidad en las empresas, generando empleo y riqueza, mejores salarios y mayor calidad de vida.

Somos un país mundialmente exitoso en distintas clases de actividad manufacturera, pero podemos aspirar a más, para convertirnos en exportadores ya no de hidrocarburos o manufacturas, sino de tecnología e innovación en distintas áreas de la industria.

El modelo de Triple Hélice ha sido exitoso en países desarrollados, especialmente en la generación de desarrollo regional a través de innovación y conocimiento. Facilita un equilibrio entre los programas de estudio y las necesidades de las empresas que saben lo que el mercado demanda; en tanto que los jóvenes descubren un nuevo horizonte para estudiar carreras técnicas y más sofisticadas, que producen y utilizan las nuevas tecnologías; además, hallan un mercado para sus ideas y logran mayores ingresos.

Un modelo de colaboración como el Triple Hélice también debe pasar por la transformación de la propia cultura empresarial. La vinculación de las empresas con los centros de transferencia tecnológica es precisamente la condición para transformar el modelo económico mexicano, que históricamente ha promovido la competencia mediante esquemas de precios bajos y reducción de costos, en lugar de lo que demandan las economías más exitosas: una competencia en la generación de valor agregado que finalmente obliga a innovar.

La discusión actual de las reformas, en especial de la energética, puede ser el escenario ideal para la implementación del modelo de Triple Hélice, que nos permita empezar a generar nuevos productos, más sofisticados, con mayor valor agregado, para construir la siguiente generación de industrias que pueden ser los motores del futuro en nuestro país.

[email protected]