Opinión

*Un 'pecado parroquial' *La envidia destruye la unidad

LA VOZ DEL PAPA
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Por: José Martínez Colín

El Papa Francisco recientemente habló de la unidad de los cristianos. Explicó que Jesús quiso que sus discípulos estuvieran unidos. Sin embargo, desgraciadamente no falta quien pretende sembrar divisiones dentro de la misma Iglesia, pero eso no es cristiano. Detrás de la envidia está el demonio, quien se afana por dividir la Iglesia. Pero no sólo hay que pensar en las herejías como los únicos pecados contra la unidad. Hay otros muy frecuentes que el papa Francisco denominó como "pecados parroquiales", como lo sería el hablar mal de alguien a sus espaldas o dejarse llevar por la envidia. Suele suceder, dijo, que en las parroquias cuando uno es elegido presidente de la asociación, se habla mal de él. O si a una la nombran encargada de las catequesis, las demás hablan mal de ella... Pero esto no es la Iglesia, esto no se debe hacer, enfatizó el Papa.

Agustín de Foxá fue un poeta español, periodista y diplomático del siglo XX. Además estaba casado con una mujer muy guapa y era muy rico. Cuentan que ante un importante éxito de una obra suya, se le oyó decir: "Ya he empezado a hacer correr el rumor de que tengo úlcera de estómago". Lo decía para que así pudieran decir: "Sí, tuvo gran éxito, pero el pobre está bastante mal de salud", lo cual sería un alivio para todos los envidiosos. En efecto, la envidia hace que no se soporte el éxito ajeno. Un filósofo alemán, llamado Arthur Schopenhauer, decía que "la envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren". Es una tentación que está al acecho para atacar y que hay que saber atajar. Pensemos cuál es nuestra reacción cuando a los demás les va mejor que a nosotros.

Un consejo nos da San Josemaría: "Si cortas de raíz cualquier asomo de envidia, y si te gozas sinceramente con los éxitos de los demás, no perderás la alegría" (Surco n. 93).

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El Papa concluyó diciendo que la unidad debe ser un distintivo de los cristianos, porque Dios mismo es comunión y amor.