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Un pequeño detalle al costo en mis memorias

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Un pequeño detalle sucedido la semana pasada en el Congreso del Estado, nos hizo recordar un hecho muy preciso que llevo en mi memoria cual fotografía o película de alta resolución. Por fortuna, no padezco de amnesia como ciertos personajes.

Corría el mes de noviembre de 1998 cuando un buen amigo mío, el licenciado Salvador Echeagaray Picos, me pidió de favor que revisara un borrador de demanda de juicio de revisión constitucional en materia electoral para que fuera monolíticamente bien fundamentada y argumentada en lo jurídico, que, por cierto, constituye una de mis especialidades profesionales, respecto de lo cual, con frecuencia, he prestado muchísimo servicio social a personas que a la postre se les olvida, ¿quién sabe por qué? Parece ser que eso es muy habitual.

Pues bien, el asunto concreto fue mi participación en la defensa técnica-jurídica de un caso en el cual aparecían tres personajes de la política sinaloense. El doctor Francisco C. Frías Castro, el licenciado Jesús Enrique Hernández Chávez y el licenciado Conrado Lafarga Guerrero. Los tres fueron candidatos a diputados locales por la vía plurinominal.

El asunto controvertido consistió en que el Tribunal Estatal Electoral emitió un fallo negativo en su contra en esa instancia.

La sentencia pronunciada por dicho órgano jurisdiccional a juicio de quienes la suscribieron estaba bien sustentada técnicamente. Así parecía a los ojos de algunos expertos, debido a que no detectaron una línea divisoria legal prácticamente invisible. Para ello habría que tener lentes o conocimiento verdaderamente especializado en materia de interpretación jurídica para detectarla.

La exposición clara y sucinta de esa línea invisible haría la diferencia para emitir un fallo favorable por la última instancia que todavía quedaba viva. Si no se brindan las luces necesarias a los tribunales, los errores jurídicos en los fallos continúan, y simplemente no se tiene el éxito en una defensa legal, como sucede cotidianamente en el litigio. Ahí estriba la pequeña diferencia.

Recuerdo con nitidez que le comenté a Conrado Lafarga que no tenía un ápice de duda de que el caso se iba ganar en el Trife, y así fue. Lo mismo les dije a otros diputados electos que capacité días antes de que asumiesen el cargo, en ese tiempo.

Gracias a ello el "Chuquiqui" Hernández Chávez fue presidente de la extinta Gran Comisión del Congreso del Estado por poco más de dos años. También el doctor Frías Castro, y Conrado Lafarga, sólo diputado local.

Ah, creí que alguien había dicho muchas gracias Saúl, pero no, me equivoqué. Parece ser todo lo contrario y hasta advierto ciertos problemas de amnesia muy concretos en muchísimas personas.

También por intermediación de otros dos amigos míos, Francisco Javier Pinto Aguilar y Octavio Lara Salazar, casualmente apoyé a "Chuquiqui" casi 20 años atrás (1979), cuando Hernández Chávez fue candidato a diputado federal. En 2001 lo apoyé, modestamente, para presidente de Culiacán, a través del doctor Gilberto Espinoza Álvarez.

En ninguna de las tres ocasiones cobré un solo centavo, ni busqué acomodo, como tampoco por la capacitación referida. Ni siquiera pasé las facturas al cobro. Como no lo hice en otras muchísimas ocasiones. Uf, son tantas que me fatigaría sólo en relacionarlas. Hay otras cosas más importantes qué hacer. ¿No creen?

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