Opinión

Un ‘perfumado’ 14 de febrero

Por: Marisa Pineda

Al momento en que estas líneas salgan a la luz, el ambiente estará coloreado con todos los tonos de rojo y rosa posible, habrá corazones por doquier y canciones que evoquen al amor. También será día de inicio de Cuaresma y la coincidencia entre el Día del Amor con el Miércoles de Ceniza ha dado lugar a bromas que circulan de teléfono en teléfono (ya sabe, ahora pareciera que si el humor no llega vía teléfono móvil o por “meme” no es humor). Retomando el punto: este día estará marcado por el aroma de los chocolates, las galletas, los pasteles, los ramos de flores y por…. (música de concursante al que se le escapa el premio mayor) Ese feo olor a excremento que está instalado en Culiacán y que anuncia la llegada de la tarde.

Todo comenzó hace más de una semana al caer la tarde. Primero con disimulo. Luego sin importar las formas muchos empezamos a revisar la suela de los zapatos a ver si no habíamos pisado alguna “cuacha” de perro (cabe aclarar que “cuacha” es un regionalismo sinónimo de caca). Tras verificar que no era uno el origen del tufo y ante la permanencia del mal olor, la mirada inspectora se dirigió alrededor. Limpio. Con la certeza de que no había “minas” cercanas que causaran la peste y que tampoco era uno el causante, lo lógico era que a medida que uno se alejara del sitio de marras el olor se fuera también, pero no.

Como si fuera karma, la peste lo seguía a uno. Fuera al punto cardinal que fuera el olor ahí estaba. Algo olía mal ¡y mucho! Si llegaba a una cita, antes de entrar al lugar de reunión empezaba a olerse los brazos, el saco, para verificar que la hediondez no había quedado impregnada en la ropa o en el pelo. A las horas, la peste se había ido, pero sólo para regresar al día siguiente, puntual, al caer el sol.

Bien prontito la discreción con que se manejó de inicio el caso se acabó y la peste a estiércol que atrapa a la ciudad de Culiacán por las tardes y hasta las primeras horas de la noche se convirtió en tema de conversación. Resultó que viviera donde viviera, ya fuera en modesto barrio o en elegante mansión el tufo era el mismo. Surgieron entonces las conjeturas: que si era porque estaban removiendo la tierra en los terrenos que ocupó por décadas la feria ganadera, que si era el drenaje, que si una planta tratadora, que si una fábrica que procesaba huesos y así los días se han ido llegando de rumores, sin que hasta ahora no haya una razón válida que explique el origen de la peste.

En lo que llega la explicación, las conjeturas siguen surgiendo. El que el estado (y el país entero) esté en medio de un proceso político de elección ha dado pie a que la hediondez se convierta tanto en chiste, como en oportuna “preocupación” de más de algún abanderado a puesto de elección, que poniendo el grito en el Facebook exige se investigue cuanto antes la pestilencia.
Así llega el Día del Amor y toda la parafernalia que le rodea: monos de peluche, dulces, galletas, pasteles, chocolates, cenas, flores a las que, a lo mejor, la peste a estiércol que abraza a la ciudad al caer la tarde hoy da tregua.

Gracias por leer estas líneas. Comentarios, sugerencias y etcétera por favor en adosdetres@hotmail.com En Twitter en @MarisaPineda Que tenga un lindo día del Amor (no pongo “y de la Amistad” porque es redundar. La amistad es la forma más pura del amor) y una semana de gratas aromas.