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'Un pipazo' era para don Alfonso G. Calderón, un saludo de Jaime Ibarra

HISTORIAS Y AVENTURAS

Las aves tienen sus propias formas de expresión, y cuánta incongruencia existe en ellas, consagran su amor a través de un pleito, y los humanos, a veces, también.

Es la política una actividad inexplicable, quienes la ejercen, de frente se dan la mano y hasta se funden en efusivo abrazo, mas de pronto todo se torna hostil, sale entonces a relucir la verdad, mucho de lo que se ve es falso, y a quien abandona el poder, todo se le acaba y muchos le dan la espalda.

Ocurrió algo así con don Alfonso G. Calderón, quien fue gobernador de Sinaloa de 1975 a 1980 y a quien sucedió don Antonio Toledo Corro, "El Tigre del Sur", quien después de sus 95 años, sigue rugiendo, este gobernó de 1981 a 1986.

Toledo Corro convirtió a Jaime Ibarra Montaño en alcalde de Ahome en el primer trienio de su administración, era calderonista, y como tesorero se designó a Francisco Montero Rubio, personaje que ocupó otros cargos en las áreas de finanzas del estado.

Calderón, al dejar el cargo de gobernador, seguía frecuentando mucho la ciudad de Los Mochis y tenía una casa en un área no pavimentada, donde pasaba muchos fines de semana, era una calle polvorienta en aquellos tiempos.

En cierta ocasión, Calderón se encontró en la cafetería del hotel Eldorado a Francisco Montero y se acercó a saludarlo, se sabía que Toledo no quería que Ibarra Montaño tuviera mucho acercamiento con don Alfonso, por eso de las cosas raras de la política.

Pidió entonces don Alfonso a Montero un favor: "Pancho, dile a Jaime Ibarra que no le tenga miedo a Toledo, qué le hace que me vea, pero que al menos cada domingo que yo venga a Mochis, mande una pipa a regar mi calle, para que se asiente el tierrero, ya así me daré por saludado"... Y nunca llegó la pipa... ni el saludo.