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Un sueño de antaño

COMALLI

Un día de muchos días intenté definir el amor que buscaba. ¿Es el amor una hipotenusa? O es una hipótesis posibilidad de una consecuencia. ¿Es el amor un arco convexo? O es un teorema danzando al son de música inversa. ¿Es el amor una caja de madera? O es un hábito de las cuerdas retumbando en aquellas piedras. El amor es un vestido holgado, la segunda mitad de tu propia vida. Esa vez me sentía como ahora, vacío, aunque lleno de promesas. No pude escribir sobre el tema que había pensado, <<El trabajo>> me dejó sin aliento, me exprimió los ojos, me robó por un instante el alma de cada día. ¿Quién puede conocer las almas de cada día? Ni los colores saben de donde vienen, sólo existen, llenos de promesas para crecer hacia arriba. Así que hoy soñé con otra casa, donde huele la vida que vi; donde pueda medir la profundidad del silencio; donde pueda recoger una distancia que no acaba, pero que tampoco cansa; donde pueda gozar la danza de infinitos arcoíris resbalándose en tus poros para subir al cielo en su espléndido color de muchas franjas. Hoy soñé con otra casa y muchos musgos en carpetas y hojas secas, amarillas, ocre y también doradas; simulaban cimientos de helechos verdes que parecía bailaban; los árboles reían tan contentos no importándoles la lluvia, ni el frío que les llegaba; el amor entre ellos y el heno que colgaba, los hacía más amorosos, no les molestaba nada, no lloraban el otoño, celebraban el invierno que en esa cama caliente arropaban. Hoy soñé con otra casa, la casa que ya tengo, que ya tengo, que ya tengo; en verdad la encontré tal como la pensaba. ¿Quién pensará de buena gana que «éxito» significa abrir los ojos luego del Sol cada mañana? ¿Quién transformará el pensamiento pensando que despertar es estar despierto para encender el fuego antes del alba?

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