Selecciona tu región
Opinión

Un viaje imposible: La vuelta al mundo en 80 días

DESDE AQUÍ

Por Francisco Bojórquez

-

Hay novelas consideradas visionarias por su historia. Por ser adelantadas en su época o autores “profetas” que llegaron a predecir en sus letras lo que nos ocurre hoy en día. Por mencionar un ejemplo está Julio Verne (1828-1905), un escritor francés que conocía bastante sobre ciencia y geografía y dedicara la mayor parte de su vida a contar historias de aventuras, viajes o por lo que mayormente se le conoce porque es catalogado como uno de los precursores del género literario de ciencia ficción moderna por obras como De la tierra a la luna (1865), Veinte mil leguas del viaje submarino (1870) o Alrededor de la Luna (1870). Uno de sus escritos más conocidos es La vuelta al mundo en 80 días (1872). 

En esta historia de aventura, contada en 37 capítulos, conocemos a Phileas Fogg, un acaudalado gentleman inglés, meticuloso, calculador y rutinario, lector empedernido del Morning Chronicle, que ama con fervor jugar al whist en el Reform-Club. En una de esas partidas tensas, surge una discusión con sus adversarios ya que discuten sobre la posibilidad de recorrer el mundo en menos de 80 días. Él siempre sereno y templado, sin prisa, afirma que es cuestión de tiempo para conseguirlo y basta con esa cantidad de días, a lo que los otros refunfuñan, piensan que es una locura descabellada e imposible de realizar, pero aceptan, llegan a un acuerdo. 

De por medio apuestan 20 mil libras; si Fogg llega a tiempo gana, de lo contrario podría perder su fortuna. A partir de ese momento, el gentleman planea emprender camino y así inicia la gran travesía por todo el mundo, que, junto a Jean Passepartout, su fiel y noble mayordomo francés, recorrerán el globo terráqueo usando los medios de transportes disponibles con un solo fin: lograr la hazaña ante todo pronóstico adverso. Y paralelamente, en Londres ocurre un gran robo: alguien saqueó el Banco de Inglaterra y hurtó 55 mil libras, con lo que las autoridades resguardarán cada puerto, estación de tren o las calles para encontrar el posible culpable. Fix, un detective ingenioso que está inmerso en el caso, se topará a nuestros protagonistas en una de sus escalas en el viaje y surgirá una gran duda sobre ellos. ¿Podrá el señor Fogg y Picaporte conseguir la victoria y hacerse de la jugosa cantidad de dinero?

J. Verne en esta novela emplea un lenguaje culto, refinado y preciso. Su prosa es, ampliamente descriptiva, ornamental y puntual con los paisajes de cada uno de los pasajes. Así pues, plasma un amplio conocimiento geográfico del mundo capítulo tras capítulo y expone una visión sobre la cultura de los países mencionados en la lectura. Es conciso en el reflejo de la personalidad del inglés flemático, además es el vivo ejemplo del héroe e imprime el tono particular de una aventura con tintes detectivescos. 

Leer más: Cualquier parecido con la realidad, no es pura coincidencia

Un clásico de la literatura universal que muestra el heroísmo y determinación ante el azar de la vida y adaptación a los lugares desconocidos. 

Síguenos en