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Un viejo y un nuevo político

POLIARQUÍA

Se quedaron de ver a las cinco de la tarde en el Café Miró.

Contra todos los pronósticos, el joven político había sido elegido presidente de su partido. El proceso dividió aun más a los grupos. Y a los antiguos amigos. El proceso de reconciliación sería lento y probablemente infructuoso. Alguien le había sugerido reunirse con uno de los políticos más experimentados, pero ya en el retiro.

Aceptó la sugerencia con cierto desgano. No le acababa de convencer la idea de reunirse con alguien que, según él, viviría de las glorias idas y que le vería como un novato. Imaginó sus anécdotas y sus interminables recomendaciones. Vestía la arrogancia natural de los políticos jóvenes. Sobre todo de aquellos a los que les llega pronto la fortuna de los buenos cargos.

Al llegar al café, el viejo político encontró al nuevo dirigente con la vista clavada en su celular. Como si saliera de un trance, se levantó con la mirada perdida y le saludo con una falsa referencia. Le dijo dos frases de cortesía y se dispuso a iniciar la conversación.

Le contó cómo había ganado la convención en la que participaron tres candidatos. Recitó su programa de trabajo y la nueva dinámica que le daría al partido. Habló por más de 30 minutos sin ser interrumpido. Sólo unos oídos pacientes como los de su interlocutor, podían soportar el atropello de frases, las fanfarronerías y el tono de voz del joven presidente del partido.

De pronto hubo un silencio. El joven político sabía que debía ceder, muy a su pesar el uso de la voz. Y no interrumpir. El político experimentado comenzó a hablar:

-He seguido sus declaraciones en los medios. Me parece que usted no se prepara antes para las entrevistas. Una entrevista de prensa siempre es una lucha de inteligencias. Una disputa por las evasiones. Una cacería paciente de errores. ¿Usted se prepara para ello? ¿Sabe de lo que va hablar cuando se enfrenta los martes con los periodistas? ¿Sabe que la política comienza por lo que uno dice? ¿Sabe que a un político lo miden sus palabras? Creo que usted no ha reflexionado lo suficiente sobre ello. Usted piensa que su labor es buscar pleitos con todos. Los medios siempre festejan a los ocurrentes. Pero la política es mucho más que frases ingeniosas o imprudentes. Sí, es cierto, usted me dirá que para estar en política hay que estar en los medios. Pero no a cualquier precio. Se supone que usted representa las voces de miles de personas. Porque no me discutirá que los partidos están conformados por ciudadanos. No sé cuándo la política se volvió un espectáculo o si siempre lo fue y no nos dimos cuenta. Pero a mí me gustaría verlo a usted defendiendo las causas mayores. Poner en orden a sus gobiernos. Corregir a sus legisladores. La política es un instrumento para todo eso. Pero creo que usted piensa que a un político lo miden por sus apariciones en los medios y que para aparecer en los medios hay que decir cualquier cosa. Yo le he oído quejarse a usted de que no se les da oportunidad a los jóvenes en la política, pero resulta que ahora que está en un cargo de dirigencia no nos ha demostrado lo que un joven es capaz para hacer cambiar la política. Es usted un dirigente de conferencias de prensa. ¿Sabe usted cuántos pobres tiene su ciudad? ¿Sabe usted cuál es el salario mínimo? ¿Cuánto gana un jornalero agrícola? ¿Cuántos desempleados hay en su estado? ¿Sabe usted que a la gente le importa muy poco las pugnas internas de su partido? Es más, ¿sabe usted qué es lo que interesa realmente a la gente?-

El joven dirigente enmudeció. Buscó una y otra vez las respuestas a tantas preguntas. Cuando quiso reaccionar, una mano extendida le avisó que la conversación había concluido. Luego vio alejarse la figura encorvada del hombre que había visto ya sus mejores años, pero que aún conservaba la energía para mostrar el tamaño de su dignidad.

[email protected] twitter: @guadalupe2003