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Una broma demasiado seria

IDEAS PARA EL CAMBIO

No. Ningún presidente puede darse el lujo de hacer bromas. Menos aún en público y ante los medios de comunicación. Todo, absolutamente todo en él es mensaje. Lo que dice y cómo lo dice. Lo que hace y cómo lo hace. A dónde va y de quiénes se acompaña. El escenario y los asistentes. Nada queda al margen de una estrategia de poder y de comunicación política que rodea a la figura de un mandatario.

Por eso es ingenuo pensar que durante su visita el presidente tan sólo hizo una graciosa broma al referirse a su director de Comunicación Social. No fue casual abrirle espacio en el presídium. Tampoco fueron casuales las palabras utilizadas, ni los gestos de amistad y confianza. El presidente emitió su opinión sobre la próxima sucesión. Obviamente, ello tiene enorme peso político.

Es evidente que el sentido de la declaración presidencial tomó por sorpresa a todos. Se desconcertaron. Quienes quieren ser protagonistas en la sucesión optaron por declarar que se trataba de una simple broma. Pretendieron minimizar el hecho. Pero ellos saben perfectamente que no es así. La gente del poder tiene una habilidad muy especial para leer las actitudes, los gestos y las entrelíneas que se emiten desde el centro del poder mismo.

Saben que con toda intención se emitió un mensaje. Y el mensaje es muy claro: si hoy fuera la decisión ya se tiene claro quién sería el ungido. Se trata de provocar el "efecto cargada" y propiciar un proceso de alineamiento desde ahora. Al menos esa es la intención. O así se entiende.

Es difícil prever las reacciones políticas que ello traerá consigo. Los grupos de interés empezarán a movilizarse. Unos atendiendo el mensaje. Otros, prestos a tratar de cambiar el curso de los acontecimientos. Pero, según los tiempos, aún no hay nada para nadie.

La anticipación del mensaje hace pensar que, aunque existan preferencias, nada está definido. Todo dependerá de la capacidad que cada quién tenga para establecer alianzas y generar los mejores impactos mediáticos. A partir de ahora, los aspirantes optarán por movilizarse con mayor rapidez y precisión.

Habrá que recordar que la política siempre es de tiempos y de circunstancias. Y aún falta bastante para la decisión final. Los estrategas de uno y otro aspirante seguramente estarán pensando que el presidente abrió su carta precipitadamente y ello propicia mayores márgenes de maniobra para tratar de cambiar las circunstancias. Entonces, se aproximan tiempos de tormenta, de agitación y de mayor crispación política.

A partir de ahora cada aspirante tratará de crear un escenario favorable a sus intereses particulares. Unos apostarán por la inestabilidad social. Otros por acentuar la crisis económica. Algunos pretenderán debilitar a las instancias de gobierno. El problema es que, en la nueva batalla política que viene, el mayor perdedor serán los ciudadanos. Y recordarán que todo comenzó con una pequeña broma.