Opinión

Una carta masónica

Bandera

Por  Rodolfo Peña Fárbel

Una carta masónica(Foto temática: Pixabay)

Una carta masónica | Foto temática: Pixabay

Es notable la siguiente carta que el 18 de enero de 1822 escribe un judío de la Alta Venta italiana con el seudónimo de Piccolo-Tigre: “.... Italia está cubierta de Cofradías religiosas y de Penitentes de diversos colores. No temáis introducir a algunos de los nuestros en medio de esos rebaños guiados por una devoción estúpida; infiltrad el veneno en los corazones escogidos, pero a pequeñas dosis y como al azar; luego, os asombraréis vosotros mismos de vuestro éxito. Lo esencial es aislar al hombre de su familia, hacerle perder sus costumbres. Muy dispuesto estará... a huir de las preocupaciones del hogar, a correr tras de fáciles placeres y gozos prohibidos. Atraedlo, sonsacadlo al café y a los espectáculos y dadle una cierta importancia; inclinadlo a disgustarse de sus trabajos diarios, y mediante este manejo, después de haberlo separado de su mujer y de sus hijos, inculcadle el deseo de otro género de vida. Esta es una preparación para la gran obra que debéis comenzar. Cuando hayáis insinuado en algunas almas el disgusto por la familia y la religión (lo uno va casi siempre en seguimiento de lo otro), dejad caer ciertas palabras que provocarán el deseo de afiliarse a la Logia más cercana. Esta vanidad del burgués de ingresar a la Franc-Masonería tiene algo de tan común y tan universal, que no dejo de admirarme de la estupidez humana. Me asombro de no ver al mundo entero llamar a la puerta de todos los Venerables para pedirles el honor de ser uno de los obreros escogidos para la reconstrucción del Templo de Salomón...” Claro resalta aquí que la masonería es un instrumento judío, de dominación cínica e insolente.

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