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Una ofensiva para repensar cómo funcionan los bancos

Se está presentando un debate genuinamente interesante sobre la reforma financiera. Ni siquiera estoy seguro de cuál es mi posición, pero ciertamente vale la pena comentarlo.

En su blog, los economistas Atif Mian y Amir Sufi llamaron la atención a las propuestas de ya sea ordenar o crear incentivos fuertes para una reserva bancaria de 100 por ciento, planteadas por Martin Wolf, columnista del Financial Times, y, más sorprendentemente, de John Cochrane, un profesor de la Universidad de Chicago. Igualmente sorprendente, al menos para mí, es que el Sr. Cochrane parece ser más consciente de las dificultades de la cuestión (la publicación del blog puede leerse aquí: bit.ly/RoAfJj).

La idea básica que ambos autores comparten es que los bancos, tal como los conocemos — instituciones que emiten promesas de pagar dinero bajo demanda, o casi bajo demanda, al tiempo que conservan activos líquidos que solo cubren una fracción de esa demanda potencial —, inherentemente están sujetos a corridas, a pérdidas de confianza cumplidas al formularse. Por tanto, proponen que intentemos eliminar dichas instituciones; aún habría cosas que llamaríamos bancos, pero simplemente serían custodios de activos líquidos emitidos por el gobierno.

El Sr. Wolf, a menos que lo esté leyendo mal, parece identificar toda la cuestión con una forma particular de deuda de corto plazo: los depósitos bancarios. Esto parece una visión extrañamente estrecha dada la naturaleza de la crisis de 2008, que involucró muy pocas corridas contra los depósitos y una corrida masiva contra la banca sombra, especialmente los "repo"; préstamos de un día para otro que en sentido fundamental cumplían las funciones de un depósito bancario pero que también crearon los mismos tipos de riesgos. El Sr. Cochrane lo entiende, y apela a favor de un "impuesto pigouviano" (por ejemplo, el tipo de impuestos que los libros de texto de economía fiscal nos dicen que deberíamos aplicar a la contaminación) a cualquier forma de "deuda de corto plazo propensa a corridas".

Entonces, tres cosas.

Primero, la omisión del Sr. Wolf es importante. Si imponemos requisitos de reserva de 100 por ciento a las instituciones depositarias pero nos quedamos ahí, simplemente llevaremos más finanzas a la banca sombra, y haremos que el sistema sea aún más riesgoso.

En segundo lugar, la propuesta del Sr. Cochrane llama a una notable intervención gubernamental en las finanzas; hace que las propuestas liberales a favor de un impuesto a las transacciones se vean como molestias menores comparativamente.

Cochrane insiste en que podemos manejar fácilmente nuestra economía sin deuda privada peligrosa de corto plazo; que podemos armar todo fácilmente para que el gerente de su fondo de inversión venda una fracción diminuta de su portafolios de acciones cada vez que use una tarjeta de débito en un 7-Eleven. ¿Es correcto?

En tercer lugar, hablando de un tema totalmente diferente: ¿Realmente estamos seguros de que los problemas bancarios expliquen todo lo que salió mal? He expuesto este punto antes, pero cuando se analiza cualquier medida de estrés financiero, lo que se ve es un enorme pico en 2008 que bajó rápido. No obstante, el rápido retorno a la normalidad de los mercados financieros — logrado, sin lugar a dudas, vía rescates y garantías- no produjo una rápida recuperación de la economía real; al contrario, la economía de Estados Unidos sigue deprimida, y muchos países desarrollados ahora están al borde de la deflación, más de cinco años después.

Esto sugiere fuertemente que aunque las corridas bancarias pudieron haber hecho saltar las cosas, los problemas eran más profundos; en particular, tengo la firme visión (basada en parte en el trabajo de los señores Mian y Sufi) de que fueron clave temas más amplios de exceso de apalancamiento, y los resultantes problemas en los estados financieros de muchas familias. Y ni reservas de 100 por ciento ni un impuesto a los "repo" habrían hecho frente a ese tipo de apalancamiento.

Una pequeña nota al pie: el Sr. Cochrane ha sostenido que a la gente que realmente cree en los remedios keynesianos no le debería importar la solidez de los bancos, dado que el gobierno siempre puede compensar los efectos de una crisis bancaria con medidas de estímulo. Hay múltiples motivos por lo que eso no es correcto; entre otras cosas, gente como yo podría argumentar que los peligros de una deuda gubernamental son exagerados, pero aún así preferiríamos no tener que participar regularmente de gasto deficitario a gran escala.

Pero el punto principal, sin duda, es que lo que el estímulo podría hacer y lo que hará no son lo mismo, para nada. Lo que hemos descubierto durante los últimos cinco años es que incluso bajo condiciones que suman un caso abrumador a favor de políticas gubernamentales para impulsar la demanda, la mitad de la profesión económica y la mayoría de los hacedores de política encontrará motivos para hacer exactamente las cosas equivocadas. Esto es un argumento a favor de políticas cautelares para no entrar en estas situaciones, de ser posible.