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Una oración fúnebre por Liberato Terán Olguín

POLITEIA

Un corazón noble y generoso ha dejado de latir. Es el de Liberato Terán Olguín. Luego de una larga y penosa enfermedad que acabó con su vida, nos deja un legado intelectual, ético y moral, que condensa los mejores valores y virtudes de un humanista, un demócrata y un hombre cuya vocación solidaria y justiciera le llevó desde siempre a luchar por sus sueños y esperanzas de una vida mejor para todos.

Para quienes tuvimos la fortuna de compartir con él muchos ideales e ideas, su temprana partida nos deja un enorme vacío. Su sencillez y austeridad enaltece todavía más la figura política e intelectual de un hombre que, como él, dio al movimiento universitario democrático rumbo, propósito y sentido. No por nada, aquella generación que nació a la vida política al iniciar el último tercio del siglo pasado, tenía en el Manifiesto de Córdoba, de 1917, uno de sus principales referentes.

Por eso, no exagero si digo que Liberato Terán fue la figura más relevante del movimiento universitario democrático de la segunda mitad del siglo XX. Es heredero y continuador de una tradición rebelde que tiene en figuras como Rafael Buelna, Solón Zabre Morell y Enrique "El Guacho" Félix, a sus más dignos exponentes. Último presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Sinaloa (FEUS), simbolizó los mejores ideales y aspiraciones de un movimiento reformista que buscaba transformar la universidad y ponerla al servicio de las mejores causas populares.

Por eso, en estos días de duelo, miles de amigos y compañeros lo hemos acompañado, y ahí hemos estado, recordando momentos luminosos y sombríos, recreando la enorme herencia cultural e intelectual que nos deja, y rodeando de solidaridad, afecto y aprecio, a sus hermanos Lorenzo, David y Rito; a Flérida, su esposa, y a Elí y Carlos, sus hijos. Junto a todos ellos hemos sentido la pérdida de una persona extraordinaria y muy querida.

Ayer su cuerpo fue llevado al edificio central de la Universidad Autónoma de Sinaloa para recibir el homenaje de la propia institución a la que tanto amó, y de sus compañeros y amigos que tanto lo apreciamos. Ahí, el rector, Juan Eulogio Guerra Liera, dijo: "A los integrantes de esta máxima casa de estudios nos deja un legado de gran valor, una herencia moral que lo hizo merecedor con sobrado mérito del reconocimiento como profesor exoficio".

Tocó al exrector Jorge Medina Viedas la responsabilidad de pronunciar la oración fúnebre –en la mejor tradición del Siglo de Oro-, y he aquí parte de lo que dijo: "Sentimos su muerte, pero sabemos que hay un legado muy grande que deja Liberato: es la ética del movimiento estudiantil universitario que transformó a esta Universidad, que la sacó del anacronismo, del autoritarismo del viejo régimen; Liberato va a estar presente siempre entre nosotros porque representa a esa generación que luchó por trascender a la Universidad a niveles más altos de ética, de responsabilidad académica; no se va Liberato, se va a quedar aquí, vigilante, presente, nunca ausente, siempre con su mirada lúcida y crítica para orientar la vida de los universitarios".

Y ciertamente, un hombre generoso, "No entendía la maldad de la política, no entendía el significado de la lucha por el poder, porque él tenía una misión superior, una misión ética, que era la de trascender a un sentido de la justicia y de la moralidad de los seres humanos".

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