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Una pendiente resbaladiza

El gobierno está perdiendo la perspectiva. Cree y quiere hacer creer que la aprobación de la reforma energética lo ha llevado a la cumbre. No es así. Lo que tiene enfrente es una pendiente resbaladiza (Churchill). Entre el momento actual y los resultados económicos que el gobierno espera conseguir hay un largo recorrido.

Está por verse que la apertura energética asegure crecimiento sostenido, empleo, distribución. Y más aún que con un Estado debilitado se prestigien las instituciones, mejore la seguridad y se afiance la gobernabilidad democrática.

El gobierno se está equivocando en su estrategia de comunicación. Para frenar resistencias sociales y conseguir apoyo de la opinión pública, despliega costosísimas campañas de publicidad donde presenta una imagen cosmética de la realidad y ofrece grandes resultados: reducción del costo del gas y la electricidad, crecimiento alto, seguridad social universal, educación de calidad, empleos. El mensaje se reafirma con el manejo diario de la imagen presidencial que presenta lo que se ve bien, aunque no coincida con lo que la gente vive. El mensaje choca con la realidad, con el malestar por aumentos de precios y tarifas, desempleo, impuestos. No se da cuenta de que lo que está provocando es un bumerán. La brecha entre expectativas y la capacidad de respuesta no hace sino crecer, con la consecuente pérdida de credibilidad y previsible aumento de irritación social.

El gobierno no ha logrado definir una estrategia de seguridad y justicia que sea eficaz para reducir la violencia en varias regiones. Si bien se sigue avanzando en mejorar la seguridad en ciudades como Monterrey, Ciudad Juárez y Tijuana, en otras regiones la situación se agrava y sus efectos se extienden. Michoacán (y su zona de influencia) es el caso extremo, pero no el único. Antes que militar o policiaco, el problema es político y social. Sin una idea clara de reconstrucción de la autoridad en el territorio, se ahondará el problema y se vivirán momentos de aún mayor tensión.

El gobierno no sabe qué hacer frente al conflicto social. O se paraliza, o se excede. Cada vez deja ver más su tentación por criminalizar la protesta social. La difusión de información policiaca (de mala calidad) sobre la vinculación de los movimientos sociales con las organizaciones armadas, no hará sino tensar adicionalmente, cuando lo que se requeriría es promover la distensión, abrir canales institucionales de participación y solución de conflictos.

El gobierno no está consciente del deterioro de la legitimidad de las instituciones democráticas, por lo que, en vez de democratizar el régimen político, se mueve en la dirección de fortalecer el poder presidencial autoritario que ya estaba agotado; lo que no hará sino debilitar al Congreso, el Poder Judicial, al sistema federal y al peso de la opinión pública. Pretende gobernar sin los contrapesos institucionales y sin rendición de cuentas. Sin luces amarillas y rojas no hará sino aumentar sus riesgos.

El gobierno no ha cumplido su compromiso de hacer frente a la impunidad, enfrentar la corrupción y controlar el dispendio de la publicidad que había ofrecido. Ante la apertura energética y la evidente debilidad regulatoria, estas fragilidades pueden llegar a ser devastadoras.

El presidente ha invertido todo su capital político en sacar adelante la reforma constitucional a los artículos 25, 27 y 28. A ese objetivo ha supeditado todo lo demás. Por ello, una vez alcanzado su objetivo y reforzado por las opiniones favorables de los inversionistas y la prensa internacional, su sensación de victoria es evidente.

El mayor peligro será dejarse arrastrar por la soberbia y fascinarse con el endurecimiento. Por el contrario, su mejor protección sería abrir las compuertas para dejar fluir de manera pacífica la inconformidad. No debería confiarse. Falta mucho tiempo y la pendiente está resbaladiza.