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Una sociedad civil ausente

POLITEIA

A diferencia del Pacto por México, que incorporó a los dirigentes de las tres fuerzas que componen la columna vertebral del sistema de partidos y que representan alrededor del 90 por ciento del caudal electoral, la mesa Compromisos por Sinaloa tiene un sentido más incluyente, pues incorpora a todas las fuerzas políticas de la entidad, además de establecer puentes con el Poder Legislativo para asegurar que las iniciativas reformistas puedan traducirse en los ordenamientos que requiere Sinaloa de cara a su futuro.

Pero más allá de los partidos, es deseable, en el propósito de fortalecer la legitimidad de las propuestas, que se garantice la presencia de entidades académicas y culturales, asociaciones gremiales y profesionales, esto es, ampliar los cauces de la participación ciudadana, de esa cosa evanescente que se ha dado en llamar sociedad civil, de la que todo mundo habla y de cuya representación busca siempre apropiarse más de un poder fáctico.

Porque el asunto, y en honor a la verdad, aquí, en Sinaloa, no tenemos una auténtica representación de la sociedad civil. Son escasos los cuerpos intermedios que representan un contrapeso real al poder y en lugar de una sociedad vigilante lo que tenemos, salvo algunas manifestaciones muy puntuales de grupos con demandas específicas, es una sociedad aletargada, una ciudadanía de baja intensidad, lo que poco o nada contribuye a una deliberación pública de calidad y a un mejor orden democrático.

Con una sociedad civil débil, cualquier fuerza o poder busca apropiarse de su representación. En el caso de la mesa Compromisos por Sinaloa se alega su ausencia y se reclama su presencia a través de la Coparmex, el organismo cúpula del empresariado, que desde hace algunos años ha seguido la estrategia de hablar en nombre de una ciudadanía que normalmente ha permanecido al margen de los asuntos públicos.

El líder del sindicato de patrones ha señalado que el pacto suscrito esta semana es una buena intención a medias, porque no se convocó a la sociedad civil organizada y porque faltó el ingrediente de la representatividad social. En ello, como es natural, coincidió la dirigencia estatal del PAN, que demandó la inclusión de la Coparmex en el pacto, como la auténtica representación de la sociedad civil.

La Coparmex no es la representación de la sociedad civil, pero sí, en efecto, creo que debe formar parte del pacto, aunque también deben estar ahí instituciones académicas, organizaciones gremiales, asociaciones profesionales, asegurándoles espacios para sus propuestas. Es decir, en la medida en que se amplíe su carácter incluyente, se fortalece su legitimidad simple y sencillamente porque se ensancha su base social.

Estas instituciones pueden hacer propuestas en muchos órdenes para impulsar la modernización del andamiaje jurídico-político y administrativo de Sinaloa. Pongo un ejemplo: ¿no requiere Sinaloa nuevas leyes para asegurar los derechos de propiedad, hacer menos onerosos los costos de información y dar certidumbre a los intercambios entre agentes sociales y productivos?

Ahí están las muchas asociaciones de abogados que pueden y deben hacer contribuciones importantes en este campo para impulsar nuestra propia reforma del Estado.

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