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Una vieja historia

GUASAVE

Guasave.- Jaime Castro, el dueño de Algodoneros, vuelve a la carga y como hace dos años, reclama apoyos gubernamentales sin matices, con ausencia de cortesía, características que debería asumir alguien que pide caridad, y de nuevo, públicamente amenaza con llevarse el equipo.

Exige como aquella ocasión, con una actitud que linda en el vil chantaje, recursos de gobierno, para resolver el déficit financiero que dizque porque "se le quedaron a deber apoyos", antes de iniciar la temporada de ese año, de lo contrario emigrará con la franquicia a otra plaza.

La pregunta es, ¿por qué posteriormente a la campaña 2012-2013 no se lo llevó si el Ayuntamiento no le cumplió lo prometido? O mejor aún, porque no dice los que sí recibió:

Que durante los tres años de la pasada administración se le exentaron impuestos, que no pagó seguridad, ni energía eléctrica, tampoco agua potable, subsidios nada despreciables si se considera que Algodoneros es una empresa particular.

Pero no fue todo, hoy recordamos que en un plan de extorsión comprometió al Ayuntamiento a convertirse en agente de ventas, incluyendo la adquisición de más de mil butacas que se "enjaretaron" a fuerza a los empleados, muchos de los cuales ni siquiera les gusta el espectáculo.

Y hoy otra vez con un similar desplante chantajista parece que busca presionar al gobierno con la misma cantaleta, que si bien es cierto debe ser facilitador para los empresarios, su intervención no debe ir más allá, como pretende el señor: le resuelvan sus problemas económicos con dineros públicos.

Bajo esas condiciones pienso ya estuvo bueno de tanto circo, maroma y teatro. Es tiempo que hable con la verdad a la afición, la que siempre ha subyacido detrás del proyecto que lo hizo comprar las acciones del equipo: llevárselo a otra ciudad.

Eso de que la decisión de que Algodoneros se vaya depende del gobierno, es, no solo un asunto muy trillado, sino una falsedad del tamaño del mundo. Tan grande como su narcismo.

Asume que todo se merece, nomás porque es dueño de los Algodoneros, petulancia que le obnubila el sentido común, cayendo en la desmesura y le impide establecer que sus exigencias son absolutamente improcedentes.

La empresa que presume es de todos los guasavenses, es mentira. Los Algodoneros son de él, de nadie más, entonces no es posible y menos legal que con impuestos se financie un negocio privado, que no deja de serlo, aún siendo un entretenimiento social.

Evidentemente el nuevo escandalito que promueve Castro no es con el objetivo de que le paguen, lo que no le quedaron a deber, sino decirle al nuevo gobierno que le cubra gastos con dineros públicos que hacen más falta a la atención de problemas y rezagos sociales que a los del empresario.

Hoy de nuevo podemos replicar aquella opinión que escribimos en el 2012: Castro Parra llegó a Guasave con ínfulas de filántropo a rescatar a los Algodoneros. Si el franquicitario a alguien engañó con ese disfraz, a nosotros no, porque se ha dicho: el proyecto desde el principio es sacar el equipo de Guasave.

Creemos que Jaime Castro no sólo trata de que el gobierno le sostenga un negocio privado, sino que de paso, pretende aprovecharse de la buena fe de los aficionados con una sarta de verdades a medias y mentiras completas. Que ha perdido dinero, nadie lo discute, y lo lamentamos, pero si un negocio no deja, lo mejor es dejarlo. Es un principio empresarial muy legítimo.

Nadie en Guasave se va a morir si se lleva el equipo. Quien lo diga, también miente.