Opinión

Usted mande, señor presidente, y si se equivoca: ¡vuelva a mandar!

DEVERAS

Por  GERARDO VARGAS LANDEROS

La aprobación de la reforma constitucional que crea la Guardia Nacional contando con los votos del PRI, para completar los dos tercios de la mayoría calificada, que muestra un giro en la actitud de oposición, adoptando una pragmática  y flexible, nos recuerda la anécdota famosa de aquel político priista ingenioso y pintoresco llamado César Garizurieta, alias el Tlacuache, que entre otras frases célebres fue autor de la que dice: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”.

Amigo de Adolfo Ruiz Cortines desde sus mocedades en Veracruz y su habitual sayo en el juego de dominó, Garizurieta fue a verlo a la Secretaría de Gobernación en 1951, para que lo recomendara con el licenciado Fernando Casas Alemán, regente del DF, que se perfilaba como el tapado para suceder al presidente Miguel Alemán, su primo. Ruiz Cortines tomó el teléfono de la red y recomendó al Tlacuache con Casas y le pidió que le concediera audiencia.

Al salir de la oficina de Bucareli, Garizurieta se topó con un papelerito que vendía el periódico de la tarde con grandes letras: “Ruiz Cortines, candidato presidencial del PRI”. Ni tardo ni perezoso, el Tlacuache  se regresó corriendo a la oficina de su amigo, que en tono socarrón le dijo: “Quihubo, Tlacuache, ¿que no ibas con Casitas? ¿Te regresaste porque me quieres decir algo?” Garizurieta le contestó con singular desfachatez a Adolfo Ruiz Cortines: “Querido Fito, lo que quiero decirte es que nunca jamás volveré a ahorcarte la mula de seises”. Con una risotada, Ruiz Cortines lo abrazó y, ya como presidente, lo nombró embajador en Haití, no se sabe si como premio o castigo.

Los priistas, al igual que Garizurieta, desde el tsunami electoral del primero de julio andaban desorientados como pollos forasteros, sin rumbo y sin brújula, discontinuados, tirando palos de ciego, haciendo coro con el PAN exigiendo la baja de la gasolina y otras zarandajas. De pronto les cayó el veinte de que así iban hacia ninguna parte y decidieron colaborar con el partido en el gobierno y no ahorcarle la mula de seises. Un primor, pues.

Enhorabuena, porque eso se llama hacer política, negociar, entrar al sempiterno toma y daca, cual debe ser, meterse a la jugada con oficio y beneficio, abrirse al futuro y dejar en el desván de los cacharros inútiles los remilgos, puesto que negociar es la esencia de la política. Kennedy decía: “Si hay algo peor que negociar con miedo, es el miedo a negociar”.

En eso estábamos, celebrando el triunfo de la sensatez política, cuando estalló el incendio en un ducto de gasolina en el poblado de San Primitivo, municipio de Tlahuelilpan, estado de Hidalgo, con un saldo trágico de 93 muertos, 82 heridos y 69 desaparecidos.

Momentos antes de la explosión un destacamento militar de 25 soldados pidió que se retirara a una multitud de más de 700 personas que con bidones y diversos recipientes colectaban la gasolina. Hubo caso omiso, y la tragedia fue inevitable.

En las redes han brotado como géiseres las críticas al presidente de México y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales, acusándolo de no ordenar medidas coercitivas y represivas  que hubieran evitado el desenlace trágico.

Ante esta monumental estupidez de los derechistas reaccionarios, a 50 años de Tlatelolco, a la que hace segunda la CNDH, el clamor popular es: ¡Señor presidente, usted está en lo correcto: vuelva a mandar!