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Válvula de escape

GUASAVE

Guasave.- Para el poder político, entendido como sistema de gobierno, su ejercicio en México no ha sido un crisol, pero sí a cambio historia presente y pasada, por decirlo cautelosa y amablemente, de ineficiencia e insuficiencias.

En tal sentido, resulta comprensible que a la gente del servicio público le estorben los derechos de libertad de expresión y pensamiento que en algunos casos todavía se mantienen, aunque todo maltrechos.

No hay nada peor, ni cosa que irrite tanto a quienes se hacen llamar gobernantes que estar expuestos al juicio popular por la sencilla y explicable razón de la vulnerabilidad de su moral y profesionalismo como funcionarios.

Escasos son aquellos que cruzan el pantano de la política sin que se le manche el plumaje, de ahí su sensibilidad a la crítica o bien porque ya "encapsulados" en el poder se asumen iluminados e intocables y a los que los simples mortales no pueden juzgar por sus yerros e ineptitudes.

Entonces, en consecuencia no es extraño, tampoco que la camarilla de predestinados que gobiernan, teniendo en sus manos la fuerza arbitraria del estado y el desfachatado dominio sobre el Congreso de la Unión, pretendan poner "candados" a las puertas de tal vez, el único reducto de libertad que nos queda, mediante la reglamentación de las redes sociales.

La idea, iniciativa o lo que sea, por parte del gobierno de Enrique Peña Nieto, de querer implementar una "ley mordaza" al pensamiento nacional que se ejerce con absoluta libertad a través de internet, quizá con libertinaje, pero lo que es preferible a la opresión total, por supuesto que ha sido del agrado de los políticos mexicanos.

Y es que si alguien es blanco de las más severas y no pocas veces vitriólicas críticas vía redes sociales por parte de la sociedad son precisamente los legisladores y el gobierno federal que en buena medida son responsables de que el país esté metido en una grave crisis económica y una vorágine de violencia y crimen.

No es la primera vez que desde los pináculos del poder ha intentado callar la conciencia social que se refleja cotidianamente en los medios de comunicación y que en los últimos años ha cobrado inusitada fuerza, presencia y coraje con la operación de la supercarretera de información, verbigracia la intentona de legislar "a modo" para penalizar la libertad de expresión.

Con genes salinistas al fin, los del gobierno federal como lo hicieron con tantos periodistas en la época de oro del priismo absoluto urden nuevas tramas para silenciar, repetimos, tal vez, la única tribuna que tiene la sociedad mexicana para al menos desahogar rabias y frustraciones por la ineptitud de quienes hace apenas dos años prometieron el "oro y el moro" con tal de ganar las elecciones presidenciales.

Otra vez el PRI hecho gobierno vuelve a la carga, buscando con la reglamentación de las redes sociales forjar una imagen de acrisolada honradez a costa del silencio de millones de mexicanos que para manifestarse sin tapujos ni ataduras recurren a las redes sociales, las que, la verdad sea dicha de paso, se han convertido en la válvula de escape de la irritación popular, ante la cada vez menos presente prensa libre.

Entonces de cara a la inminente embestida será necesario que hombres y mujeres independientes, periodistas o no, que afortunadamente todavía existen en este país, formen un frente común para defender la garantía constitucional que es la libertad de pensamiento y de expresión, pues si dejan que se quite, México estará doblemente perdido.