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Vida privada, vida pública

"Pasa en todos sitios, pero quizá en Francia se tolera más porque somos algo más libertinos, algo más laicos y algo menos hipócritas que otros. La tradición de respeto a la vida privada es así, aquí todo el mundo defiende la libertad individual. La transparencia anglosajona es lo peor, un ramalazo de hipocresía insoportable. Nosotros separamos vida privada y vida pública, y eso es una prueba de libertad. ¿Que el presidente engaña a su pareja con una amante? ¡Muy bien! Todo el mundo lo hace. ¿Si eso puede implicar que engaña también a los franceses? ¡Qué tontería! ¿Engañaría usted más a sus lectores si tuviera una amante que si no la tuviera?", Dominique Wolton, investigador emérito del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) y autor del libro Indisciplinado. La comunicación, los hombres y la política (Odile Jacob, 2012).

He allí un tema, el de la vida privada y pública, que ha resurgido, en estos días, en debates de la televisión francesa: ¿dónde está la frontera? ¿Tiene el jefe de Estado derecho a tener una vida privada durante su mandato? Si el presidente de la República miente en su vida privada, ¿mentirá también en la pública? La discusión sigue respecto al reciente escándalo de François Hollande.

Por su parte, la editorial del diario Liberation nos habla del parteaguas que representa la publicación de la revista Closer en la vida política de Hollande: "...esta historia privada se transformó muy rápido en un hecho político. Por dos razones: Primero porque Hollande dio un status de primera dama a Valérie Trierweiler, con una oficina especialmente para ella, consejeros del Elíseo y el hecho de que aparezcan retratados en la prensa 'people', no ha sido privado. Segunda, porque él mismo se reveló contra las calaveradas de Nicolas Sarkozy y se comprometió a presentar otra imagen de la función (presidencial). No se trata de moral, nada más de coherencia". Luego, Hollande no es coherente. ¿O el presidente francés está hecho bolas sentimentalmente hablando, o en su fuero interno deseaba que lo pillaran in fraganti en plena aventura amorosa para terminar con Valérie? François Hollande, un "presidente normal", soltero, padre de cuatro hijos (con Ségolène) sin carisma, ni encanto, ni mucha personalidad, resultó ser un seductor. Como bien dice la periodista española Luz Sánchez Mellado, en su editorial titulado "¿Qué les das, François?": "He ahí un señor del montón, con su barriga, perdón, abdomen, cervecero; su tinte negro, perdón, afrofrancófono, ala de cuervo; y su pinta de subjefe de planta de caballeros de Galerías Preciados, perdón, Lafayette. No obstante, François las mata callando. A todas, menos a Merkel".

Llama la atención que en este "ménage à trois" entre Hollande, Valérie y Julie, la que inspira más compasión sea precisamente todavía la primera dama: "A mí, quien me preocupa es Valeria la Soberbia. Tanta allure, tanto chic y tanto charme, para acabar ingresada (en la clínica) con un ataque de cuernos...". Por su parte, Bernadette Chirac, esposa del ex presidente de Francia, confesó en Europe 1, que le había escrito a Valérie una nota para demostrarle su solidaridad: "le dije que estaba con ella en su tristeza". Tanta comprensión de Madame Chirac nos incita a preguntarnos cuántas veces no habrá estado ella misma "triste", por las mismas razones en el periodo presidencial de Jacques Chirac.

En relación con la pregunta de quién de las dos, Valérie o Julie, acompañará a François Hollande a su viaje oficial a Washington, el 11 de febrero, sigue en el aire. Hoy, jueves, en todos los kioskos de periódicos en Francia se pública un nuevo ejemplar de la revista Closer: "Valérie Trierweiler: quieren hacerla callar. No está dispuesta a renunciar su status de first lady, ni tampoco a su compañero", se lee en la portada. A pesar de los últimos acontecimientos: "quiere perdonar al hombre con quien ha compartido su vida desde hace 10 años".

Pero no todo es tristeza en esta insólita y escandalosa historia de amor. El diario La Voix du Nord publica que ya no hay en existencia cascos, como el que usaba François Hollande cada vez que iba a ver Julie Gayet, montado en su scooter a la Rue du Cirque. Lo cual nos indica que muchos maridos que hubieran querido seguir los pasos de Hollande, tendrán que recurrir al transporte público, ya que en Francia está prohibido transportarse en scooter sin casco...

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