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Opinión

Vivir en la pobreza es sufrimiento, pero no la muerte

HISTORIAS Y AVENTURAS…

Por: Rosario Oropeza

Ningún funcionario del Gobierno puede ganar más de 108 mil pesos, que es el sueldo del presidente, ¿y los jerarcas de la Iglesia cuánto ganan? Se dice que los franciscanos aprendieron a vivir en la pobreza extrema, fue parte de su formación la costumbre de alimentarse apenas lo suficiente para tener energía y arroparse solo con lo necesario, sin lujos ni nada más, inmersos en la humildad.

Es parte de nuestros tiempos la moda de la austeridad gubernamental, nada de aviones, de helicópteros, camionetas negras blindadas ni comilonas en restaurantes de lujo, mucho menos residencia en Los Pinos, en la vida presidencial.

Un Jetta blanco sin estéreo ni alta tecnología es el transporte del presidente en la Ciudad de México; y en las giras, los vehículos de los gobiernos de los estados; agua de piña en la carretera, un café del Oxxo y unos tacos de carreta es parte del plan de gastos.

La pobreza entonces no mata, es solo sufrimiento, aunque acostumbrarse a lo bueno es más fácil que a lo malo. Total, cuando la vida se acaba, nada te llevas, solo el recuerdo queda.

Quien esto escribe ha sabido de sufrir hambres y de desear cosas, pues hemos atravesado por muchas etapas de austeridad. Cómo olvidar aquellas galletas María que nos daban una solo ruedita y la comíamos a vuelta y vuelta para disfrutarla al máximo; o aquellas tortillas recién salidas del comal con leña, embijadas con manteca de res para que nos supiera a carne porque no había más; o aquellas papas chamuscadas con sabor a gloria y un refresco de cola cada semana que rebajábamos con agua para hacerlo rendir y poder compartirlo entre ocho hermanos… ¡Qué golpe tan duro!