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Vivir entre balaceras, la cruz de los sinaloenses

Asesinan a policía estatal en brutal balacera en Culiacán.

La emboscada del domingo en Culiacán que le costó la vida al comandante Felipe, de la Policía Estatal; el enfrentamiento de ayer en Eldorado entre elementos de la Marina y presuntos delincuentes con saldo de tres muertos, y la ejecución de un señor al salir del festejo del Día del Padre en un colegio culiacanense el viernes confirman que el municipio capital sigue convertido en campo de batalla, y que ninguno de sus habitantes nos encontramos a salvo.

En el momento de escribir estas líneas, minutos después de las 18:00 horas del lunes, se presenta una fuerte balacera en el sector Los Pinos, de Culiacán, a dos cuadras de nuestra casa. Como todos los habitantes de este estado, debemos realizar nuestro trabajo con el tronar de los disparos como sonido de fondo. 

Cada día resulta más palpable que la Fiscalía General del Estado no hace su tarea, y que el cambio de nombre y el aumento de facultades legales para combatir la criminalidad han resultado, en los hechos, un simple cambio cosmético.

Jamás hemos sido de la idea de «cortar cabezas» como solución a nuestros males, pero si el gobernador necesitaba un hombre de su absoluta confianza en la Fiscalía y se decidió por Juan José Ríos Estavillo, lo menos que este debiera hacer es reconocer con humildad su falta de perfil para el cargo y rodearse de un equipo que sí conozca el tema a fondo, que lo domine y le ayude a controlar tan difícil circunstancia.

Nuestros representantes populares, los diputados, se limitan a anunciar que llamarán a comparecer al fiscal. ¿Sirve eso de algo? ¿Ha servido de algo alguna comparecencia en la historia política de Sinaloa? 

Las comparecencias están sobrevaloradas. Su única utilidad es el lucimiento de los diputados «combativos», pero sobresalen más las preguntas que las respuestas. Peor están los diputados que lanzan preguntas a modo para que el compareciente se luzca.

El hecho es que los funcionarios les dan la vuelta a todos; o bien, dicen mentiras sin sustento, sin siquiera presentar documentación que respalde sus afirmaciones, pero eso sí, consiguen lo que les importa: «dar la nota». Utilidad: cero.

Hoy, como nunca, se necesitan hechos, no palabras. Urgen acciones concretas. La delincuencia nos gana la batalla.

Por eso resultó tan conmovedor para los periodistas de Madrid escuchar ayer a la viuda de Javier Valdez Cárdenas, la también periodista Griselda Triana, cuando dijo en rueda de prensa previa a la ceremonia en que recibirá un premio póstumo para su esposo hoy en la capital de España:

«El crimen organizado se ha adueñado de estados y municipios completos y está incidiendo en todos los ámbitos de la vida económica, social, cultural y política del país, corrompiendo instituciones y devastando el tejido social.

»Los gobiernos de todos los niveles, lejos de combatir el narcotráfico, se han convertido en cómplices de las organizaciones criminales que igual trasiegan drogan que tratan mujeres para venderlas a los prostíbulos, cobran piso, secuestran, extorsionan a empresarios y envenenan a niños y a niñas, y jóvenes con drogas cada vez más destructivas».

Como pocas veces sucede en una conferencia de prensa, Griselda recibió una salva de aplausos por parte de los reporteros españoles.

«¿Cómo pueden vivir así, hacer su vida cotidiana en medio de semejante situación?», es la pregunta que suelen hacer los extranjeros al ver cómo la inseguridad cobra carta de naturalidad en Sinaloa.

Ni siquiera nosotros sabemos la respuesta. Lo cierto es que esto no se llama vivir, sino sobrevivir.