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Voto libre o línea política

El Congreso pasó el paquete de ordenamientos secundarios en materia de telecomunicaciones y radiodifusión, piezas muy importantes en el entramado de las reformas estructurales diseñadas para sacar al país del mediocre crecimiento económico en el que encallamos hace varios lustros.

En este proceso legislativo se confrontaron los más poderosos intereses económicos y políticos del país y se exhibió la situación de los partidos. En el senado, para su aprobación, el PRI aportó sin titubeo los 51 votos de su bancada; el PAN encubrió sus graves fisuras, provocadas por el choque de proyectos inconexos, con el engañoso concepto de "voto libre": 22 por la afirmativa y 12 por la negativa; el PRD descargó 21 votos en contra, acatando la línea marcada por su líder nacional; el PVEM, aportó sus 5 votos a favor, mientras que en el PT hubo uno por el pro y 5 por el rechazo. En la Cámara de Diputados se repitió el patrón de conducta: el PRI unido con sus 212 votos a favor; el PAN 97 por el pro, 6 en contra, una abstención y 8 ausencias; el grupo del PRD cerró filas con las instrucciones de su dirección y votó en contra, pese a la diferencias entre ésta y su coordinador. Verdes y petistas actuaron unidos, los primeros por la afirmativa, los segundos por la negativa.

Este comportamiento partidario en el congreso provocó comentarios sobre la forma como se deben conducir los grupos parlamentarios que involucran diversos aspectos: la vinculación orgánica de los legisladores con el partido que los postuló, el derecho que asiste a los líderes de las organizaciones políticas para dictar línea a los diputados y senadores, y la tensión que a menudo surge entre la libertad personal y la disciplina grupal.

La contradicción entre el derecho de los legisladores a conducirse libremente, conforme a los dictados de su conciencia —o de sus intereses— y la línea marcada por sus partidos obedece a varias causas: 1) indefinición y debilidad doctrinaria-programática. Si no se tienen claros los fines del partido y los medios para hacerlos realidad, es natural que cada legislador los elabore a su saber y entender; 2) la incapacidad para postular candidatos formados en los principios del partido, leales a sus objetivos. Si se lleva a las cámaras a cualquiera, sólo por ganar una elección, sin compromiso con la plataforma política que se ofrece a los ciudadanos, es normal que una vez arrellanados en las curules y en los escaños no reconozcan ninguna vinculación con el partido que los empoderó y se van por la libre; 3) desinstitucionalización y deslegitimación de los liderazgos partidistas. Los legisladores siguen sus propios dictados cuando las decisiones no se toman mediante un debate libre y verdadero, esto ocurre cuando la jefatura partidaria y la coordinación de la bancada es personalista o se utiliza para obtener beneficios individuales o de facción. Si las determinaciones de los grupos parlamentarios se procesan con orden en los órganos competentes, con métodos respetuosos y procedimientos democráticos, esas decisiones obligan a todos; a los que apoyaron, a los disidentes y a los ausentes. Pero si la institución no funciona entonces se impone la disciplina, se decreta el "lineazo" verticalista y autoritario o se recurre a la compra del voto.

Existe, por supuesto, la objeción de conciencia respecto a una determinación colectiva, pero esta no es un juguete para utilizarlo de manera unilateral. Para que valga debe cumplir con requisitos sustantivos y adjetivos y aceptar por anticipado las consecuencias de la razonada y fundada disidencia.

Twitter: @LF_BravoMena