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Opinión

Woodward, Watergate, Fear, operaciones secretas del FBI

Por: Carlos Ramírez

Después de muchos años de ofrecerse como un ejercicio del periodismo de investigación, la cobertura del caso Watergate por Bob Woodward y Carl Bernstein en el The Washington Post se ha ido decantando como una vasta operación clandestina de inteligencia de los servicios del FBI para derrocar al presidente Nixon.

Los datos importantes deben reposicionarse para entender el objetivo final de Woodward con su libro Fear: Trump in the White House. En los setenta, Woodward hizo su servicio militar en los servicios de inteligencia de la marina en un grupo de espionaje dedicado a la decodificación. Una vez traducidos cables de espionaje, el joven Woodward era el encargado de llevarlos en sobre cerrado a la oficina del Asesor de Seguridad Nacional de Nixon, el general Vernon Walters.

Un día, en la antesala, Woodward conoció a un agente del FBI esperando su turno; era Mark Felt, subdirector del FBI y aspirante a director por la baja de J. Edgar Hoover. Cuando Nixon optó por L. Patrick Grey, Felt aguardó la oportunidad para su venganza. Y llegó en la figura de Woodward, el reportero cuya ambición lo llevó a pactar con el diablo. Felt condujo la investigación en los temas políticos más delicados de la Casa Blanca y apareció como el famoso Garganta Profunda. El objetivo logrado de Felt fue el de reventar a Nixon y llevarlo a su caída.

En su libro Fear Woodward busca repetir la maniobra; intencionadamente probar la tesis de que Donald Trump carece de la estabilidad emocional para gobernar a los Estados Unidos y basó su tesis en dos entrevistas con dos secretarios del gabinete del presidente: John Kelly, ex secretario de Seguridad Interior y jefe de gabinete de la Casa Blanca, y James Mattis, secretario de Defensa.

La intención de Woodward fue la de motivar la aplicación de la Enmienda 25 en la que el gabinete firma una carta señalando la incapacidad del presidente para ejercer sus funciones.

Cuando apareció el libro justo el 11 de septiembre para significar una crisis de seguridad, Kelly y Mattis desmintieron a Woodward y con ello echaron abajo la estrategia de inteligencia del periodista de usarlos como un factor de motivación dentro del gabinete. Enojado, Woodward amenazó con dar a conocer las grabaciones; sin embargo, el asunto no era la existencia de grabaciones, sino el desmentido de los dos funcionarios que desinfló la jugada de la Enmienda 25.

La comunidad política del llamado Estado profundo o establishment liberal que quiere tumbar a Trump ante la imposibilidad de ganarle en las urnas, se quedó sin el libro de Woodward y sin el valor estratégico de las declaraciones de dos miembros del gabinete. El libro de Woodward, por lo demás, se engarzó con un artículo anónimo que publicó The New York Times en su página de opinión en la que revelaba una crisis de cohesión interna en el gabinete de Trump.

Una cosa ha sido que muchas noticias e investigaciones periodísticas vayan enriquecidas con informaciones anónimas --como Woodward y Bernstein en su cobertura de Watergate-- y otra cosa que se haya elevado a la calidad de opinión un texto anónimo, a pesar de que el NYT pudiera haber identificado a su autor. Con un texto anónimo, el Times convirtió su muy famosa página de opinión en un espacio abierto a libelos.

En las reglas de redacción de investigaciones se establece que un periodista puede usar fuentes anónimas a condición de que las informaciones sean verificadas por otras dos fuentes independientes. Como lo cuentan Woodward y Bernstein en Todos los hombres del presidente, el director del Post se negó a veces a publicar informaciones anónimas por carecer de verificación.

La obsesión del Times contra Trump llevó al diario a violar la regla contra los anónimos y libelos.

A lo largo de casi dos años de gobierno, Trump ha enfrentado presiones en los medios que piden la aplicación de la Enmienda 25: deponer al presidente por mayoría del gabinete cuando consideren que el jefe del ejecutivo estuviera “incapacitado” para ejercer el gobierno. Los párrafos clave del libro de Woodward son los que señalan que Trump ha tenido ataque de nervios, aunque otros presidentes hubieran estado en situaciones peores.

El libro de Woodward no es periodístico, sino que representa una operación política del establishment liberal para señalar que Trump está incapacitado para ejercer el poder y que el gabinete --Kelly y Mattis-- debiera promover la carta. El desmentido de Kelly y Mattis probó que Woodward sigue siendo el agente de inteligencia de Watergate.

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