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¿Y la oposición?

La semana pasada revisamos en este espacio lo sucedido con el PRI ahora que cumplió 85 años y ha regresado al poder presidencial. La otra cara del campo de partidos en México apunta hacia la oposición.

Las noticias son preocupantes cuando se mira a la derecha y a la izquierda, no sólo porque atraviesan por complicados procesos internos y se han debilitado en el imaginario como opciones frente al PRI, sino, sobre todo, porque, hoy por hoy, ya no representan necesariamente la aspiración para tener mejores gobiernos.

De forma emblemática, la derecha panista no sólo se fue al tercer lugar en el 2012, por un funesto y peligroso gobierno que dejó al país sembrado de muerte e inseguridad, sino que ahora cada día sale a la luz un nuevo expediente que establece signos de corrupción y de incapacidad que tuvieron los gobiernos panistas. Dijeron que habían liquidado a capos que siguieron vivitos y coleando, como el caso de "El Chayo", recientemente liquidado; no atraparon al más buscado, "El Chapo"; se involucraron en expedientes de corrupción que van desde el caso de la empresa Oceanografía, hasta los 'moches' en las obras de varios municipios.

Las ofertas de cambio y de reforma del panismo quedaron en el olvido, se acomodaron a los poderes fácticos y los ayudaron a crecer sin regulación y con alianzas de conveniencia que resultaron muy caras al país. Desde el atraso educativo por la tolerancia hacia un liderazgo magisterial corrupto; pasando por la incapacidad de sacar adelante una agenda de reformas; hasta la puesta en marcha de una batalla contra el narcotráfico sin mapa ni estrategia, que generó cientos de miles de muertos y desaparecidos. ¿Por qué Peña Nieto pudo hacer un pacto para sacar adelante las reformas, mientras que Fox y Calderón fueron completamente ineficientes en esta materia? ¿Quién extraña al panismo en Los Pinos? Tal vez por eso la elección interna del liderazgo panista no es un tema importante para el país.

La izquierda no canta mal las rancheras. No ha tenido la responsabilidad del gobierno federal y cuando llegó su mayor oportunidad en 2006, no supo aprovecharla por graves errores de estrategia y por una fuerte oposición de sus contrincantes. ¿Qué pesó más lo interno o lo externo para definir esa polémica elección que terminó con una diferencia de medio punto porcentual? El PRD, el partido de izquierda que surgió después del fraude de 1988 y que logró ser el mayor esfuerzo de alianzas y de unificación, está hoy dividido y en crisis. Ese partido vive un proceso en donde ha sido fagocitado por sus grupos internos. La ruptura se generó desde hace años, pero se ha terminado con la fundación del nuevo partido, Morena, que está a punto de tener un registro legal. Sin duda, el cálculo aritmético no es positivo: si toda junta la izquierda, en una gran alianza, no pudo ganar la presidencia de la República (1988, 1994, 2000, 2006 y 2012), será difícil imaginar que fragmentada tenga mejores resultados.

Cuando la izquierda estaba completamente lejos del poder sus batallas principales eran ideológicas y se generaban a partir de tesis e ideas. Ahora, que es parte de las estructuras que gobiernan el país, sus batallas son por el dinero público, los escaños y los puestos. Así pasó del debate entre maoístas y leninistas, entre línea de masas o troskistas, a las peleas entre Los Chuchos y los Bejaranistas. La izquierda partidista en México no ha podido resolver la tensión entre un partido institucional y un movimiento social, y se ha hundido entre sus tribus que buscan el control de la burocracia, las candidaturas y la chequera. Ahora vendrá la pelea por los votos entre el PRD y Morena. Si no se logra fortalecer alguno de los partidos, el resultado en 2015 será una constelación de fragmentos con pequeños porcentajes para cada uno, como era antes de 1988. Tal vez el mayor déficit de la izquierda partidista tenga que ver con la falta de un proyecto diferente, atractivo y viable, que pueda llevar al país a otro escenario de cambios en materia de desigualdad, corrupción y estado de derecho. Hay que observar con cuidado el voto del PRD sobre la simulación del seguro de desempleo y la pensión universal; sin dejar de lado el problema de la línea 12 del metro, una papa caliente para el gobierno capitalino.

Con el desprestigio por el que atraviesan los partidos políticos, el escenario pragmático de la maquinaria priísta, diseñada para ganar votos y elecciones, con su gran dosis de corrupción y continuismo, vuelve a ser la pieza fuerte en la competencia electoral. Los contrapesos de una oposición atractiva, tanto de derecha, como de izquierda, están hoy lejanos…

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