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Y por abajo, !bolas¡

GUASAVE

Por lo visto a golpe de discursos es como el gobierno de Enrique Peña Nieto quiere arreglar el descompuesto escenario económico y de violencia sin fin que priva a lo largo y ancho del país.

A las heráldicas palabras pronunciadas por funcionarios de todos los rangos, anunciando buenaventuras que estarían por venir, por ningún lado se ve que se acomoden hechos concretos que al menos permitan vislumbrar una perspectiva amable del futuro inmediato para los mexicanos.

Hasta la saciedad y en todos los tonos posibles, cual merolicos que a fuerza de repetir mentiras pretenden convertirlas en verdad, quienes gobiernan ¿o desgobiernan?, saturan con sus mensajes de recuperación y bonanza.

Sin embargo a 18 meses de iniciado el régimen que tantas esperanzas cifró en la sociedad, los cambios que prometieron, sólo existen en la imaginación de la clase gobernante.

La socorrida cantaleta de optimismo desbordado, -porque hasta eso, ni siquiera son cautelosos al mentir-, que lo mismo asume el presidente de la república que el más ínfimo de sus colaboradores, junto con los gobernadores, parece ser el sello distintivo del retorcido sistema político que sigue con su verborrea.

Quieren a punta de mendacidades "pintar" de colores alegres, uno de los panoramas más negros de los que se tengan memoria en la época contemporánea y que arropa al devenir de la nación.

En esa dirección, tratando de infundir una confianza ayuna de sustento, no hay quien en el gabinete Peñanietista no pontifique sobre esa cosa llamada federalismo.

En tanto en Sinaloa, en un desplante de absoluta incongruencia, su gobierno, en un abierto atentado a la soberanía de los municipios les quita la facultad constitucional de cobrar el único impuesto que da un respiro de alivio a la economía de los Ayuntamientos: el del predial urbano.

Dicen una cosa y hacen otra. En su discurso señalan que con el federalismo los gobiernos municipales tendrán una mayor capacidad de respuesta a los problemas de la ciudadanía y que además en el marco de la autonomía plena constitucional hay voluntad política a favor de la descentralización.

Mientras, como diría el exgobernador Jesus Aguilar, !por abajo bolas¡, pues cada vez es más insolentemente agredida la soberanía de los municipios. Ya sus alcaldes ni siquiera pueden decidir quién va a ser su jefe de policía. Entonces ¿qué ingaos mandan los presidentes municipales?.

Así las cosas este escribidor se confiesa un neófito para interpretar la serie de complicados terminajos. No se entiende ni "jota" de lo que los gobernantes dicen en sus diarreicos parloteos, al señalar que se requiere ubicar a la sociedad como se situa al municipio, en el contexto del nuevo federalismo, porque este implica retos y desafios.

En ese sentido habría que decir que para dar vigencia al manoseado federalismo del que se jactan los priistas en el poder, más que discursos y palabrería lo que se necesita es que el gobierno federal canalice a los municipios un reparto justo y equitativo del dinero que aportan los mexicanos vía impuestos y que él centraliza para manejarlo a su arbitrio y conveniencia.

Para los tesoreros municipales debe ser muy triste que el cacareado federalismo sólo queda en el papel y la hueca palabrería, porque con ello no se soluciona los bretes en que se encuentran metidos para cubrir sueldos, pago a provedores y de tantas otras necesidades que tienen los gobiernos municipales.