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Y tenemos peor

Los políticos mexicanos son obsesivamente mentirosos, pero a veces se equivocan y dicen la verdad.

Grupo Reforma publicó anteayer que Gustavo Madero y Eduardo Bailey, dirigentes nacional y estatal del PAN y del PRI, respectivamente, se acusaron mutuamente de estar fraguando una "elección de Estado" con miras al 2015.

Después de ganar la presidencia nacional panista por segunda vez en una elección salpicada de sospechas, en la que, como el tonto de Pirro, perdió más de lo que ganó, Madero estuvo en Monterrey, donde el martes afirmó que el gobierno de Nuevo León está recurriendo a las viejas prácticas clientelares electorales priistas, para perpetuarse en el poder.

"La utilización de todo el poder público como una forma de incidir artificialmente en el ánimo electoral. Éste es un mal cálculo que está haciendo el gobernador Medina. ¿Cómo utilizan estas prácticas?, pues utilizando todo el maldito poder, el poder del dinero, el poder de la nómina, el poder de los programas sociales, el poder de la influencia mediática, el poder del clientelismo".

Por supuesto que el panista dijo la verdad, que lo es aunque usted y yo ya la sepamos y aunque quien la dijo haga lo mismo y diga mentirosamente que no lo hace.

El priista Bailey contratacó a su fiscal de ocasión, argumentando con verdad que quien sí está usando los recursos públicos para hacer una campaña de Estado para la gubernatura es la alcaldesa panista de Monterrey, Margarita Arellanes. Ello al promoverse con las iniciales de su nombre en la campaña "MA's".

Pero el capataz del establo priista no se quedó atrás como embustero cuando negó que su partido prepara una elección amañada en Nuevo León para el 2015, que me parece demasiado burda para llamarla de Estado.

Mas desde luego Bailey dijo la verdad cuando aseguró, en la misma defensa contra Madero, aunque a toro pasado, que los panistas sí utilizaron recursos públicos en el 2012, mediante las delegaciones federales, cuando era presidente Felipe Calderón.

Uno y otro dicen la verdad sobre la conducta inmoral y eventualmente delictiva de sus contrarios y mienten al hablar de sí mismos y de su inexistente honestidad.

Eso significa que uno y otro partido, los dos más importantes de nuestro espectro político, harán uso de todos los recursos indebidos del mundo para tratar de perpetuarse en el poder, lo que ambos lograrán de alguna mañosa forma, si usted y yo lo volvemos a permitir.

Y, en esta campaña, cuando cada uno de ellos acuse al otro de sinvergüenza, de arbitrario, de clientelar, de robavotos y, en un solo término, de delincuente electoral, estará diciendo la verdad.

Pero eso no significará que los electores, el pueblo, podamos confiar en uno u otro de ellos, sino que debemos desconfiar grave e irrecusablemente de los dos corruptos partidos.

El PAN y el PRI nos dicen la verdad por error y mienten estratégicamente, como en esta ocasión en Monterrey, donde los dos dicen una verdad mala sobre su competencia que se vuelve contra ellos y los señala como culpables de lo que acusan.

Legisladores panistas, solapados, quizás bajo su comando, por Madero cimbraron el país obligando a sus correligionarios alcaldes a "mocharse" para obtener presupuestos federales.

La alcaldesa panista regia sin duda utiliza los programas municipales con una finalidad electoral. Lo mismo hacen los aspirantes priistas a gobernar Nuevo León, afortunadamente los más improbables, como Federico Vargas y Juana Aurora Cavazos, uno y otra secretarios del gobierno estatal.

Dijeron la verdad, pues, Madero y Bailey: el PRI y el PAN son un cochinero de partidos y ninguno de los dos debería ganar una elección. Vamos, ni siquiera deberían aparecer en las boletas electorales, pues su participación en una elección presuntamente limpia y democrática es una vergüenza para este Estado y esta nación.

Esta conclusión se desprende fatalmente de las verdades mentirosas que sueltan a diario los políticos panistas y los políticos priistas, junto con sus iguales de los demás partidos de suposición, que no de oposición.

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