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Ya es hora de cambiar

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

México necesita un sólido sistema de partidos políticos que contribuya al crecimiento y la consolidación de la democracia.

De no asumirse este compromiso se anquilosarán los avances logrados hasta ahora, que quizá no son muchos, pero sin duda cuentan.

Y no me refiero hoy a la insuficiente representatividad política o a la frugalidad de idearios; tampoco a la falta de presencia de los intereses ciudadanos en los congresos federal y locales. Una y otra vez hemos criticado esa falla de nuestro sistema político, a la vez que cuestionamos la inútil y distorsionada partidocracia que prevalece en nuestro país.

Aludo en esta ocasión, subrayadamente, al hecho insoslayable de que los tres partidos mayoritarios de plano no funcionan a causa de tantos yerros, indefiniciones y divisionismo interno. Díganme si me equivoco:

Tenemos, por un lado, un PRD muy venido a menos, con desgobiernos, pugnas constantes, abandono de las causas que pretendidamente le dieron origen y que son reivindicaciones esenciales de la izquierda. Un PAN igualmente deslavado, sin principios, fracturado, mediocre, que se engolosinó y extravió con el poder, y ahora ya no sabe cómo volver a ser oposición. Un PRI que, montado mayoritariamente en el gobierno federal y en varios gobiernos estatales, no encuentra todavía la manera de resolver el rezago de la economía nacional ni logra definir una forma eficiente de enfrentar la abrumadora criminalidad imperante en prácticamente todo el territorio; menos aún, resuelve de qué manera abordar los grandes pendientes del bienestar social en su conjunto.

A su vez, los minipartidos (el Verde Ecologista, el Partido del Trabajo, Movimiento Ciudadano) son grotescas caricaturas de lo que deberían ser y se manejan, como sabemos, con una dependencia parasitaria de los partidos mayores, que de por sí manifiestan una decadencia generalizada. Por último, está el caso de Morena, que si bien aún no obtiene su registro como partido político nacional –aunque seguramente lo conseguirá–, muestra ya un radicalismo derivado de su caciquil dirigencia, característica que lo empequeñece aún más dentro del débil sistema político mexicano.

Ante este desolador panorama, urge una presencia ciudadana que reactive la participación social, la crítica constructiva y la exigencia a los actuales representantes populares, junto al ejercicio de las candidaturas independientes, entre otras muchas iniciativas y acciones.

Pero también hace falta consolidar sin demora las reformas estructurales anunciadas y alcanzar un real mejoramiento de la economía con la generación de más inversiones y empleos. De forma paralela, es imprescindible poner un alto definitivo a los cárteles del narcotráfico y de la delincuencia organizada en general, a la vez que se camina hacia la restauración del Poder Judicial como condición esencial para romper inercias, círculos viciosos y atraso, que conforman un caldo de cultivo donde se gestan ineficiencias, corruptelas, impunidad e injusticia.

Como se ve, el camino es largo, sinuoso e incluso puede parecer agobiante, pero habrá que transitarlo. Finalmente, hay que reconocer que todavía hay opciones para ver una luz al final del túnel.

Negarse a reconocer esta realidad, eludir el reto que tenemos delante, nos aproximaría más al caos y a la violencia y quizá nos condujera directamente a una convulsión social que nadie sabe cómo ni cuándo podría concluir.

Así que no queda sino convocar a todas y todos a que asumamos responsabilidades. Cada cual en el papel que le corresponda en la sociedad. Únicamente de esa manera lograremos dar un paso adelante. Que venga ya la luz, el renacimiento, la buena hora de la patria, con todas y todos nosotros, la sociedad civil, al frente.

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