Opinión

Zazueta, gobernador

Por  Marco Antonio Berrelleza

El 6 de junio de 1909, por la mañana, el Congreso del Estado ratificó como gobernador interino al licenciado Zazueta y declaró Benemérito del Estado al general fallecido “por los meritorios servicios que prestó a la paz y el progreso de Sinaloa”. La propuesta fue hecha por los diputados y catedráticos universitarios Julio G. Arce y licenciado Ignacio M. Gastélum. Además, se declararon de duelo los días 6, 7 y 8 de junio, durante los cuales habrían de celebrarse las honras fúnebres; se dispuso que se colocaran placas conmemorativas en los edificios públicos construidos durante el mandato de Cañedo; y se aprobaron los gastos necesarios para erigir un monumento en el lugar en que fueran inhumados los restos del general. A las 9:50 de la noche el cadáver fue trasladado al Salón de Recepciones del Palacio de Gobierno, para ser objeto de honores. Cada quince minutos hicieron guardia ante el féretro funcionarios, empleados públicos y particulares, y maestros y alumnos del Colegio Rosales. Según la crónica periodística, “desde el domingo en la noche desfiló por ella (la capilla ardiente), triste y conmovido, todo Culiacán”. 

Ese mismo día, don Francisco Valadés escribe a su primo José Ferrel proponiéndole abandone sus labores periodísticas en la Capital mexicana —era director de El Progreso Latino— y se convierta en candidato popular al gobierno sinaloense.