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Zombis madrugadores

JAQUE MATE

No por mucho madrugar amanece más temprano.

Anónimo

Ayer lunes me desperté muy temprano, como todos los días, para ir a mi programa matutino de radio. Los dos teléfonos celulares que hacen las veces de despertadores me repetían insistentemente que ya eran las 4:24 de la mañana. Mi cuerpo se resistía, sin embargo, y sostenía que eran apenas las 3:24. Lo peor de todo es que el domingo por la noche me costó mucho trabajo convencer al mismo cuerpo de que ya era hora de cerrar los ojos, por lo que terminé durmiéndome muy tarde. Tras la corta noche sentí como si el gobierno me hubiera robado una hora de sueño… y de mi vida.

Todo el lunes navegué por instrumentos. Afortunadamente no provoqué ningún accidente de tránsito ni me quedé dormido en alguna junta o entrevista ni al redactar mi calumnia diaria (perdón mi columna, estoy muy dormido). Pero no era el único. Todo el país andaba un poco perdido. Me pregunto si se podrán calcular los costos económicos de tener un ejército de zombis trabajando en el país.

Mucha gente pierde vuelos y no llega a citas de trabajo en los primeros días del cambio de horario. La productividad de los trabajadores disminuye. Los accidentes aumentan. Los efectos negativos del cambio son mayores en los niños pequeños y los adultos mayores. Pero nos han dicho que estos pequeños inconvenientes son más que compensados por el ahorro en electricidad.

En México el Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica (Fide) afirma que en 2013 el cambio de horario logró un ahorro de 1,224 gigavatios/hora equivalentes a 1,663 millones de pesos. Añade que evitó la emisión de 595 mil toneladas de dióxido de carbono y la quema de 771 mil barriles equivalentes de petróleo.

Estas cifras que parecen tan grandes adquieren su verdadero valor cuando vemos que el propio FIDE señala que el ahorro representa solamente el 0.044 por ciento del consumo bruto. ¿Vale la pena el esfuerzo para este minúsculo ahorro?

No sé cuáles hayan sido los criterios del FIDE para definir con tanta precisión el ahorro. Los ciudadanos no percibimos ninguna baja en los recibos. Más aún, los especialistas en los países desarrollados no han logrado ponerse de acuerdo sobre si el cambio de horario realmente genera un ahorro de electricidad.

Aun si los focos apagados de las tardes compensaran los que se prenden en las mañanas, la mayor parte de la electricidad no se va a la luz. Equipos de cómputo, refrigeradores, aparatos de aire acondicionado y máquinas industriales gastan mucha más y no dependen de las condiciones de iluminación natural.

La revista Scientific American señalaba en 2009 que Matthew Kotchen de la Universidad de California en Santa Bárbara realizó en 2006 una medición en Indiana hecha posible por la homogenización del cambio de horario en ese estado, que anteriormente sólo se aplicaba en algunos lugares. La conclusión fue que el consumo de electricidad aumentaba en 1 por ciento en lugar de reducirse. En 2007, cuando el horario de verano se adelantó varios semanas en los Estados Unidos, la economista Adrienne Kandel de la Comisión de Energía de California encontró que la disminución de consumo era de sólo 0.2 por ciento, por debajo del margen de error de +/- 1.5 por ciento del estudio.

Aun si en México hay una disminución en el consumo, la baja de 0.044 por ciento es demasiado pequeña para ser significativa. Si éste es el ahorro, valdría la pena buscar otras formas de reducir el consumo. El problema es que nuestros políticos prefieren siempre el desplante que genere cobertura de medios, y les permita presentarse como protectores del ambiente, que la promoción de medidas que realmente funcionen.

SUPRESIÓN DE HORARIO

La Unión Cristiano Demócrata (UDC) de la canciller Angela Merkel aprobó el 5 de abril promover la supresión del horario de verano en Alemania. Rusia eliminó el cambio de horario en 2011. La Unión Europea, que mantiene la obligatoriedad de la medida, reconoce que el ahorro de electricidad es insignificante: apenas de entre 0 y 0.5 por ciento.

Twitter: @SergioSarmiento