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Opinión

Todos valemos lo mismo, pero unidos valemos más

Por: Roberto Cruz

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México(Foto: Cortesía)

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México | Foto: Cortesía

En 1997 el PRI pierde su hegemonía en el Congreso, comenzaban los tiempos volátiles de la alternancia en nuestro país. Tres años después se consolidaba la primera transición en 2000 del PRI al PAN y después dos más del PAN al PRI en 2012 y del PRI a Morena en 2018.

Esta pluralidad por la alternancia ha permeado con mayor intensidad en el Poder Legislativo, así como en las gubernaturas.

La Cámara de Diputados y el Senado han venido cambiando el número de curules y escaños en cuatro sexenios, sin que ninguna fuerza por sí sola tuviera mayoría absoluta (50 por ciento más uno), hasta alcanzar hoy con Morena una mayoría en ambas Cámaras como no se veía desde los tiempos del ancien régime en México; esto aunado al contundente triunfo de presidente AMLO con más de 30 millones de votos (53 por ciento). Pero, ¿qué tan sólida puede estar la continuidad de Morena en el poder con este nivel de volatilidad?, ¿Tiene Morena asegurado su triunfo en las próximas 27 candidaturas a gobernador(a) a lo largo de este sexenio? Y más importante aún, ¿a qué está obligado el Sr. presidente de la República, Morena y sus aliados con 125 millones de mexicanos?

En el 85 por ciento de los estados ya se ha consolidado la alternancia, en tan solo 5 todavía no (Edomex., Coahuila, Campeche, Hidalgo y Colima). En Sinaloa la “alternancia” llegó en 2010 (aunque su gobierno fue mayoritariamente priista), en 2016 el PRI recupera el poder con un perfecto desconocido, el hoy gobernador Quirino Ordaz, ganaron casi todas las alcaldías y la mayoría de los distritos; sin embargo, tan solo dos años después Morena arrasa en Sinaloa con muchos políticamente desconocidos hasta entonces, ganando prácticamente también con “carro completo”.

El grado, pues, de volatilidad de los votantes para cambiar de una elección a otra es altísimo, y sin duda esto en gran parte responde al “voto de castigo” por la soberbia, la corrupción, el desempleo, la inseguridad y, en resumen, el desencanto de los ciudadanos por las promesas incumplidas en educación y salud, por ejemplo, y en definitiva por la decepción en las expectativas de cambio de cada gobierno una y otra y otra vez. Así que en Sinaloa, como en México, un triunfo contundente hoy no garantiza ni siquiera una victoria apretada en las próximas elecciones.

Por otra parte, el presidente AMLO se ha comprometido a la revocación de mandato en 2021 durante la elección federal, concurrente, por cierto, con la elección para gobernador de Sinaloa. Esto será organizado por el INE y la diferencia a respetarse es incluso “por un solo voto”, así lo prometió el presidente.

Temerario porque ahí la diferencia de votos a favor de AMLO 53 por ciento vs. 47 por ciento en contra es de apenas un 6 por ciento, o bien solo les falta un 3 por ciento a quienes están en contra del presidente. Recordemos que de los 89 millones de electores, 33 millones no votaron; y 27 votaron en contra de AMLO, es decir, 2 de cada 3 electores no votaron por él.

El nuevo régimen necesita cumplir con las enormes expectativas de cambio del pueblo mexicano, pero también están obligados al encuentro solidario de quienes piensan diferente, a reprobar los enfrentamientos y a promover con hechos la unidad y reconciliación nacional. Hoy hay quienes llaman a AMLO un estadista, otros dictador; ambos calificativos carecen de seriedad cuando un presidente lleva apenas seis días en el cargo de un periodo de seis años.

Si pensamos en un estadista recordemos que en 1994 Nelson Mandela le gana al apartheid con el 63 por ciento de los votos, combatió la pobreza, el racismo, no se reeligió, instauró la comisión de la verdad, pero instaló un gobierno plural incluyente, ya que era la única forma de tener una Sudáfrica unida. Lo hizo un hombre que no estuvo en campaña 18 años, pero sí 27 en la cárcel, fue torturado y le mataron a un hijo. Los obstáculos incluso agravios en contra del presidente AMLO son muy pequeños comparado con lo que tuvo que superar el presidente Madiba. Si los sudafricanos pudieron, los mexicanos también.

La nueva clase política debe ser incluyente y tolerante, porque los agravios de los anteriores no justificarán los mismos errores en el presente. Trabajemos en una verdadera reconciliación nacional, recordemos que todos los mexicanos valemos lo mismo, pero unidos valemos más.

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