Opinión

El gran conjunto

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Por: Rodolfo Peña Fárber

Imagen ilustrativa/ Pixabay

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Todos los seres vivos formamos parte del GRAN CONJUNTO que, en una palabra, llamamos VIDA. Se trata de algo tan sublime, imponente y complejo, que solo admite una explicación que lo abarca todo, que es DIOS CREADOR.

Las intrigas supranacionales están llevando a los pueblos al olvido de esta verdad suprema, situación que jamás debemos tolerar y que, sin embargo, nos comenzó a contaminar desde que, en el nefasto siglo XIX, los judíos inventaron y organizaron su instrumento predilecto de dominación mundial que es la masonería, institución saturada de las “ideologías” y las consignas necesarias para afianzar la revolución permanente que debía destruir la civilización cristiana que había ya logrado inculca en los pueblos la conciencia de DIOS y el respeto de sus Leyes.

En ese ambiente se forjó la nacionalidad mexicana, ahora cada día más debilitada y desconcertada, ante los nuevos instrumentos de la revolución, como la “tecnología”, la publicidad, el comercio, la política y las finanzas.

Lo que la revolución ha perpetrado en México es desolador, pues nos ha arrastrado  la humillante condición de mayordomos de los gringos, que son los seres más tontos de la humanidad, precisamente porque son el instrumento servil de los judíos, que, a su vez, son los más perversos. Eso ha sido posible porque también hay muchos mexicanos tontos y serviles, cuyas características se definen principalmente en los que se dedican a la política y en ella se pavonean como si fueran jefes, siendo sirvientes y también son la vergüenza del GRAN CONJUNTO DE LA VIDA, la mancha hedionda de la Creación, de la sublime obra de Dios.

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