Opinión

Periodismo, justicia y derechos

Por: Enrique Inzunza Cázarez

Periodismo, justicia y derechos. Foto ilustrativa: Pxhere

Periodismo, justicia y derechos. Foto ilustrativa: Pxhere

En la semana que recién ha concluido tuvo lugar en esta ciudad el taller Desafíos del periodismo en el sistema acusatorio, convocado por el Poder Judicial del Estado de Sinaloa y la Asociación de Periodistas 7 de junio. Los trabajos estuvieron a cargo del reconocido experto Marco Lara Klahr y contó con la participación de reporteros especializados en fuentes judiciales y de seguridad pública de la mayoría de los medios de comunicación impresos y electrónicos locales.

La construcción de un país justo y de libertades nos reclama a todos. Hay, sin embargo, profesiones que son vitales para el sistema de derechos y el vigor de la democracia. El periodismo es una de ellas.

Este reconocimiento fue patentizado tempranamente por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) en uno de sus primeros pronunciamientos sobre el tema, al analizar la figura de la colegiación obligatoria y sostener que: “El periodismo es la manifestación primaria y principal de la libertad de expresión del pensamiento y, por esta razón, no puede concebirse meramente como la prestación de un servicio público a través de la aplicación de unos conocimientos o capacitación adquiridos en una universidad o por quienes están inscritos en un determinado colegio profesional, como podría suceder con otras profesiones, pues está vinculado con la libertad de expresión, que es inherente a todo ser humano” (OC-5/85 de 13 de noviembre de 1985).

En la andadura iniciada para transformar nuestro sistema de justicia penal hay tareas urgentes y las hay también permanentes y concurrentes. No basta con expedir decretos de nuevos códigos ni reformar leyes, sino que es preciso trabajar para que el cambio jurídico pueda fructificar en cambio cultural; para hacer que ello se traduzca en una mejoría visible y tangible de nuestra convivencia, es decir, en mayor paz y menos dolor para las personas. Un ejercicio periodístico consciente de la importancia de su rol en la consecución de ese propósito es fundamental.

Según cuenta Diógenes Laercio en sus Vidas de los filósofos más ilustres, preguntado el griego Antístenes sobre cuál era la ciencia más necesaria para el hombre, contestó que “desaprender el mal”. Hay prácticas y actitudes arraigadas en todos los actores que es menester desaprender para desterrarlas. El sistema inquisitivo no sólo está en los códigos y en las salas de los juzgados; ha permeado hasta nuestras estructuras de lenguaje. Si analizamos las notas de seguridad y justicia, constataremos que permea una gramática de cosificación, llena de expresiones que despersonalizan y minimizan la dignidad.

En lugar de personas encontramos “sujetos”, “delincuentes”, “levantados”, “ejecutados”, “encobijados”, “presentados” y un largo etcétera que denota, aún si no lo advertimos, una completa relativización de los derechos de víctimas y acusados. El compromiso ético de un periodismo responsable con los derechos humanos es hoy más necesario que nunca ante la urgencia de afirmar, más allá de su consagración constitucional, las libertades ciudadanas como formas de integración social. La reunión de trabajo de la semana pasada ha sido un buen comienzo de una ruta larga que debemos andar juntos y completa.

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