Opinión

El Frente se descarrila; Ímaz y Cuen, como el Jefe Diego

Por: Luis Enrique Ramírez

Héctor Melesio Cuen Ojeda. El Debate

Héctor Melesio Cuen Ojeda. El Debate

El proyecto de Ricardo Anaya se evapora, y la coalición PAN-PRD-Movimiento Ciudadano (con el Partido Sinaloense en la esfera local) actúa en consecuencia. La política, recordemos, no es precisamente un oficio de hermanitas de la caridad. 

Los que ayer se mostraban como efervescentes anayistas hoy buscan caminos de sobrevivencia. El primer paso es obvio: desmarcarse de su candidato a la Presidencia y hacer acopio, cada uno, de sus parcelas de poder. Los de menores escrúpulos se cruzan de acera sin dificultades. Más viva que nunca resuena la frase atribuida a Gonzalo N. Santos en los años cuarenta: «La moral es un árbol que da moras».

Mientras en la Ciudad de México el abogado de Ricardo Anaya y emblema del panismo nacional, Diego Fernández de Cevallos, asistió a la taquiza de cumpleaños de José Antonio Meade el jueves, en Culiacán el presidente estatal de Movimiento Ciudadano, Mario Ímaz, sin rubor alguno acudió el domingo al encuentro de Andrés Manuel López Obrador con empresarios.

Héctor Melesio Cuen Ojeda no podía ser la excepción. El principal candidato de Por México al Frente en Sinaloa (encabeza la fórmula al Senado) advirtió ya sobre la posibilidad de cancelar la «coalición total» del PAS con el PAN y demás partidos que lo integran. 

El presidente estatal de Acción Nacional, Sebastián Zamudio, le respondió con mucha decisión que el PAN está listo para ir a la elección, con o sin PAS.

«El que quiera ver, que vea», solemos decir en referencia a una frase del Evangelio que aquí aplica con exactitud: se necesitaría estar desprovisto de los cinco sentidos para no darse cuenta de lo que hoy sucede: el desplome del Frente se ve, se escucha, se palpa y hasta se huele; para más de alguno, también se saborea.

FUEGOS FATUOS. En Sinaloa, fueron las mujeres las primeras en protestar contra las decisiones cupulares que dejaron fuera a la militancia femenina del PAN para imponer candidatas de otros partidos, inclusive de aquellos que no están dentro de la coalición. El caso de la priista Gloria González Burboa fue la gota que derramó el vaso.

La rebelión blanquiazul, sin embargo, solo se expresó tras el debilitamiento de Ricardo Anaya. Es el mismo caso de Juan Carlos Estrada en Choix y el de Roberto Cruz en Ahome. 

Lo que resulta difícil de creerle a Cuen es que su eventual rompimiento (al menos parcial) con el Frente se deba a que él defendió la cuota de género. 

Tenemos información de que, por el contrario, Cuen es el principal artífice de que la candidatura a la alcaldía de Salvador Alvarado, originalmente asignada a una mujer, esté hoy a punto de ser entregada a un hombre: Armando Camacho, el Iguano, hombre de las confianzas del dueño y señor del PAS.

En el camino quedaron las cinco damas que se registraron para competir por la candidatura: Leticia Rubio, Elvia Gaxiola, Jaqueline Gaxiola y Amparo Elizalde (todas panistas), así como Hilda Rosario Báez, quien iba como externa. 

De manera, pues, que nadie le venda la idea de que Cuen se inmoló políticamente por defender la causa de las mujeres. Si «pinta su raya» del PAN o del Frente, será por otras causas que quedarán al descubierto más temprano que tarde. Esto apenas empieza.

CINISMO MITOLÓGICO. «Qué risión», diríamos los sinaloenses de ayer y de «antesdeantier», ante la perla declarativa de ayer por parte del coordinador estatal de la campaña de Meade, Jesús Aguilar Padilla: «Los fraudes electorales son mitos urbanos de hace muchos años».

Lo de «hace muchos años» nos recuerda aquel 2004 en que Aguilar llegó a la gubernatura por menos de un punto porcentual y una frase que se volvió más popular entre los sinaloenses que todos los lemas de campaña: «Yo sé que ganó Heriberto».

En esta nota:
  • Candidato a la Presidencia
  • Ricardo Anaya