Opinión

Cuen y su proyecto al 2021: del plan B al Z

Por: Luis Enrique Ramírez

Héctor Melesio Cuen Ojeda. El Debate

Héctor Melesio Cuen Ojeda. El Debate

Maestro en el arte de estirar la liga, aún bajo el riesgo de romperla, como ocurrió con el PRI, Héctor Melesio Cuen Ojeda conoce la importancia de guardar siempre un as bajo la manga, un plan B a la hora de la negociación política.

El gran enigma a dilucidar es saber adónde conduce la salida alterna de Cuen en sus presiones al Partido Acción Nacional para dinamitar la coalición Por México al Frente en el estado o bien, como lo planteó, «ir en alianza parcial», lo que sea que eso signifique.

La posibilidad que jamás debe ser descartada cuando de Melesio Cuen se trate es que intente aprovechar la recta (en este caso, el debilitamiento de Ricardo Anaya) para servirse con la cuchara grande en el «reparto del pastel».

El asunto es que ni el PRD ni Movimiento Ciudadano «llenan un vocho», para decirlo en la jerga politiquera. Ninguno de ellos, pues, le ayudaría a concretar su arribo al Senado de la República. Solo con el PAS no puede, recordemos: para cargos federales, la ley lo obliga a aliarse con un partido nacional, y el suyo solo tiene registro estatal.

Tal vez, entonces, esa «alianza parcial» se refiere a que el Frente lo conserve como candidato a senador e incluso le suelte una que otra diputación federal a los pasistas.

Para competir por las posiciones locales que son la mayoría, el PAS no requiere de aliados: es la segunda fuerza política en el estado.

La senaduría reviste importancia toral para el proyecto unipersonal que es, al final de cuentas, el Partido Sinaloense: el de Héctor Melesio Cuen Ojeda en su ruta a la gubernatura. La fuerza de que dota a un político integrar la Cámara Alta, así como la red de relaciones que supone la investidura de un senador, son factores que conducirían a Cuen a su objetivo mayor, que es 2021.

Por otra parte, Cuen lleva ya dos elecciones perdidas al hilo como candidato de mayoría: la de senador por Nueva Alianza en 2012 y la de gobernador por PAS-MC en 2016. Una tercera derrota sería catastrófica; lo debilitaría como prospecto competitivo en cualquier elección.

Ese fue, precisamente, el punto que rompió su alianza con el PRI. El largo colmillo político del tricolor se impuso en las negociaciones: los priistas estaban dispuestos a llevarlo como candidato a senador este año, pero no aceptaron incluir la sucesión gubernamental en los acuerdos.

Si después de romper con el PRI, Cuen hace lo mismo con el PAN, le quedaría una salida: volver como diputado plurinominal al Congreso del Estado, sin riesgo de acumular otra derrota, y desde allí catapultarse hacia el tercer piso de Palacio de Gobierno.

La Cámara local puede parecer poca cosa para algunos, pero basta el ejemplo de Jesús Aguilar Padilla para comprobar que es suficiente como paso previo a la gubernatura.

Es una posición con una gran ventaja sobre las de orden federal: el legislador está de tiempo completo aquí, en su tierra, en contacto diario con la gente, al frente de su estructura de manera directa y sin el agotamiento que supondrían los continuos viajes Sinaloa-CDMX para un señor que ya rebasa los 62 años de edad.

En cuanto a la red de contactos que el camino a una gubernatura supone, Cuen los tiene ya, en todos los estratos (incluido el poder económico) y en todos los partidos políticos:

En Morena tiene a Rigoberto Ochoa Aldana y a toda la familia de Elba Esther Gordillo; en el PRI, a Juan Millán y a Jesús Aguilar; en el PAN al grupo hegemónico que es el de Adolfo Rojo; Movimiento Ciudadano es un satélite del PAS en el estado, lo tiene completo; y respecto al PRD, pues también lo debe tener en su totalidad, lo cual no es mayor mérito. Como dijo la doctora Tere Guerra en su columna del domingo, aquí a ese partido le dicen el PR3 porque son tres los integrantes que le quedan en Sinaloa. Qué triste su caso. Pero el de Cuen, no tanto.

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