Opinión

Priistas alcanzarán el #5de5, pero no como lo esperan

Por  Luis Enrique Ramírez

Mario Zamora. EL DEBATE

Mario Zamora. EL DEBATE

Sin los «chispazos de buen humor» que uno que otro candidato nos regala, las campañas perderían buena parte de su atractivo, sobre todo ahora que son tantas (hasta los periodistas nos confundimos con tantos nombres, partidos, alianzas, declinaciones y deserciones).

Por un lado están los guiños sarcásticos concebidos como tales, comúnmente para atacar al contendiente. Es el caso de los debates de candidatos, y un ejemplo que ya quedó plasmado en la historia de la picaresca política local fue el intercambio entre Mario Zamora y Manuel Clouthier en «el debate de EL DEBATE» hace una semana acerca de quién peina copete y quién no. Un tema anecdótico, pero que muestra la habilidad, el ingenio y la rapidez mental característica de un buen legislador cuando debate en tribuna.

Otro muy distinto es el humor involuntario, que suele dar cuenta de la falta de oficio político por parte de quien lo genera. En esta segunda modalidad suele caer, con más frecuencia de lo deseable, el abanderado a presidente municipal de Culiacán por la coalición Morena-PT-PES, Jesús Estrada Ferreiro. Recordemos que en 2016, cuando compitió por la gubernatura, en el debate de candidatos sus desaciertos generaron carcajadas frecuentes entre el público, al grado de que se tuvo que llamar al orden. Humor involuntario es también la «perla» que Estrada se aventó ayer, al declarar que ¡va en el primer lugar de las encuestas! y que «mantiene una cómoda ventaja sobre Jesús Valdés».

¿Cómo lo ve? «Y vendrán cosas peores, dice la Biblia», postearían los «feisbukeros».

LA NUEVA ERA. Cierto es que la ola lopezobradorista beneficiará a varios candidatos, pero, que sepamos, la única alcaldía que Morena tiene prácticamente en la bolsa es la de Navolato, con Eliazar Gutiérrez. Es de los pocos candidatos morenistas que no se duermen en sus laureles esperando que el manto pejista le brinde el gane. Trabaja en actos y recorridos todo el día y todos los días; su campaña es la más visible, y él, con mucho, el candidato que más simpatías arrastra. Esto no es de hoy, sino desde hace muchos años, en que Eliazar ha sido uno de los mejores líderes campesinos del municipio.

2018 será, pues, el primer año en que Morena tenga por lo menos un alcalde en Sinaloa.

Será, también, el primero en que el PVEM encabece una presidencia municipal: la de San Ignacio, con Iván Báez.

LOS CINCO GRANDES. Por razones distintas en cada caso, pero lo que no tiene vuelta de hoja es que el PRI ganará los principales cinco municipios de Sinaloa: Culiacán, Mazatlán, Ahome, Guasave y Salvador Alvarado.

En los dos primeros, el elemento común es el carisma arrollador de los candidatos, Jesús Valdés y Fernando Pucheta, respectivamente, cada uno en su estilo, pero con similar punch en las urnas.

Chuy la tiene más fácil porque ninguno de sus adversarios «paga el tiro» (bienvenido a la realidad, Lic. Ferreiro); mientras que en Mazatlán, si bien el panista Alejandro Higuera sabe hacer ruido, esta no la gana ni de milagro; el verdadero competidor de Pucheta es el químico Luis Guillermo Benítez, de Morena, pero no al grado de superar al priista.

Claro que no todo es por pura simpatía. El trabajo realizado es lo que respalda mayormente a Valdés y a Pucheta, al igual que a Carlo Mario Ortiz en Salvador Alvarado y a Álvaro Ruelas en Ahome. Este último es otro que la lleva de gane en cuanto a sus oponentes de Morena y del PAN, porque ni entre los dos llenarían un vocho. En Guasave, Diana Armenta respira tranquila desde el retiro de la contienda del doctor Jesús López.

Los del PRI mueven en redes el hashtag #5de5 que se refiere a marcar a los candidatos del tricolor en las cinco boletas de esta elección concurrente.

Al menos en Sinaloa, con las principales alcaldías, ya tienen en la bolsa un cinco de cinco. Algo es algo.

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