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Mi debut en el porno

SEXO

MÉXICO, D.F., julio 16 (EL UNIVERSAL).- Héctor Reyes, productor de Tupornmex, asegura que cada mes tiene contacto con unos 50 muchachos que quieren sumarse a su elenco.

 

Las mujeres, no obstante, son las menos: acaso unas cuatro o cinco por mes, algunas son estudiantes y otras amas de casa, como Raquel, quien ya se prepara para el casting que está a punto de realizar.

 

El productor advierte que la condición que exige no es el físico, sino que quieran vivir una experiencia desinhibida. Sus cortos son de media hora corrida. A los hombres les paga 800 pesos por secuencia y a las mujeres 2 mil 500.

A ellas les hace una entrevista previa: "Yo les pregunto por qué quieren hacerlo, y si me dicen que para comprar la leche de sus niños, no las acepto".

 

Esta tarde, Raquel no va a cambiar pañales ni a planchar las camisas del marido. El ama de casa de 23 años y cabellera azabache se puso pegada a su piel morena la ropa interior de encaje color rosa mexicano, la falda corta, la blusa escotada, los tacones altos con plataforma, el maquillaje de fiesta.

 

Es un día significativo para la madre de una niña y esposa de un oficinista: hoy es su primer casting como actriz porno amateur. No lo hace por dinero, sino por gusto.

 

La mujer viajó con su marido desde su casa en el norte de la ciudad de México hasta el departamento de la colonia Portales, una vivienda acondicionada improvisadamente como set de la productora Tupornmex. La pareja está en el ambiente swinger y ahora se adentra en una moda emergente: el de la actuación porno hecha por gente común.

 

Se sientan en un sillón al lado de un love seat cubierto con gasa blanca y frente a un mueble de forro sintético negro y de curvatura ondulada en el que se lee impreso: "Sillón Kamasutra". En medio de la sala hay una cámara profesional montada en un tripié.

 

Raquel luce pulcra y expectante. El marido le toma la mano. Tienen cuatro años de casados. El hombre no actuará, sólo grabará la prueba de su mujer con su celular. Antes de que empiece la sesión, ella pide el antifaz rosado, de entre varios expuestos en una mesa, y se cubre el rostro. "Estoy nerviosa", comenta con cierta timidez. Y dice que le gusta que su marido la vea ahí.

 

El casting consistirá en que ella tendrá sexo en vivo con otro debutante porno: Axel, un joven músico, impecable, que espera al lado de la cocina con inquietud.

 

El productor, director, camarógrafo y anfitrión, Héctor Reyes, instruye a los iniciados sobre la importancia de establecer un diálogo coqueto, el uso obligado del condón y que pongan atención a los encuadres de la cámara.

Los apremia: "¡Échenle toda la actitud del mundo!".

 

Nadie gritó "¡Acción!" cuando Raquel y Axel comenzaron a besarse en el sillón de gasa blanca. El cuerpo de Raquel no es como el de las actrices profesionales que aparecen en las películas para adultos. Ella tiene un cuerpo parecido al de muchas mexicanas. Lo que el porno amateur exige, pues.

 

La secuencia en los dos sillones duró media hora de corrido. Esa tarde nacían dos artistas más del elenco de Tupornmex.

 

Raquel y Axel se sumaban de esta manera a gente convencional, de distinta clase social e intelectualidad, que en México se apropia del cine para adultos a través de producciones amateur, videos caseros subidos a portales gratuitos de internet, chats de ofertantes con cuerpos diversos y expresiones artísticas del llamado postporno o pornofeminismo.