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Política

Mujeres ahora padecen violencias más silenciosas en México, advierten expertas

Las dificultades para resolver conflictos en pareja, el miedo y tensión pueden indicar la presencia de violencias más sutiles hacia las mujeres.

Por María Sánchez

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México.- Las mujeres pueden llegar a ser violentadas en los ambientes comunes y en sus relaciones interpersonales cotidianas, en especial, en el círculo íntimo de la pareja. Para acercarnos a la realidad de las violencias que viven las mujeres de forma local, Debate organizó un sondeo en el que se realizaron algunas preguntas en torno a la percepción de las vivencias de las mujeres en sus relaciones de pareja. La mitad de ellas respondieron vía redes sociales y por oportunidad se pudo obtener la respuesta del otro cincuenta por ciento de participación cara a cara.

El ejercicio estadístico reveló que el 60 y el 57 por ciento de las mujeres que participaron en línea y cara a cara, respectivamente, sentían de alguna a mucha tensión en su relación de pareja (pregunta 4). De acuerdo con dos expertas de la salud mental, Edith Robles Arredondo y Angie Arellano, ambas psicólogas con perspectiva de género, esta presencia de tensión en más de la mitad de las mujeres del sondeo, podría estar reflejando las violencias silenciosas que están viviendo. 

Violencia evoluciona a formas sutiles

De acuerdo con ambas psicólogas consultadas por Debate, hay muy poco porcentaje de respuestas que indiquen la presencia de violencias físicas en la población femenina consultada, sin embargo, las respuestas del sondeo relacionadas a los sentires y situaciones entre pareja, indicó que posiblemente las mujeres estén viviendo formas de violencia no físicas, pero no por ello menos importantes.

Llamó la atención tanto a Angie Arellano como a Edith Robles, el hecho de que solo un porcentaje relativamente bajo pero muy significativo de mujeres haya respondido (tanto en línea como en el sondeo realizado en calle), que las discusiones en la pareja pueden evolucionar a agresiones físicas, como golpes, patadas o empujones (Pregunta 8).

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Las opciones de respuesta para conocer lo anterior, fue de muchas veces, a veces y nunca. 21 mujeres de cada 100 participantes de redes sociales dijeron que las discusiones con su pareja evolucionaban a la violencia física de algunas veces a muchas veces (13 y 8 por ciento, respectivamente), mientras que en el sondeo cara a cara, esto ocurrió en un 20 por ciento de las participantes (14 y 6 por ciento, respectivamente, para muchas veces y a veces). 

En opinión de Angie Arellano, psicóloga especialista en atención y prevención de la violencia, el hecho que se presenten menos violencias físicas se debe a la misma evolución de las violencias, “ahora los hombres no golpean, está más sensibilizado el tema de las agresiones corporales, entonces los hombres buscaron otras formas de agredir”. 

La experta añadió que las agresiones físicas se suelen percibir más graves que las agresiones más sutiles, como es el caso del maltrato psicológico y por tanto, los hombres aprendieron a agredir a las mujeres de formas no visibles para el ojo común.

“Cuando una mujer, llegaba a poner denuncia psicológica o algún otro tipo de violencia y no presentaba golpes, no le tomaban la denuncia porque no había forma de manifestar la agresión”, señaló Arellano. Entonces fue justo por eso que los hombres evolucionaron en su forma de ejercer violencias, que aunque más veladas, sí son ahora reconocidas en entornos legales.

Problemas de comunicación

Por su parte, para la psicóloga Edith Robles, experta en peritaje psicológico, la presencia de algo o mucha tensión en la pareja que evidenciaron las mujeres al responder la pregunta 4, es indicador de que las cosas no están del todo bien, pues en su opinión en una relación de pareja sana, el otro es una fuente de seguridad y tranquilidad.

Para ella, el hecho de que las mujeres estén llevando las discusiones con la pareja con alguna o mucha dificultad, refleja también la falta de habilidad para resolver conflictos y quizá no exista buena comunicación. Además, para Edith, el hecho de que en la mayoría de las parejas la relación no haya cambiado durante la pandemia (pregunta 5), puede señalar una normalización de la violencia y por tanto una dificultad para reconocerlas, y no tanto que esto no haya ocurrido, porque según ella, las estadísticas de llamadas a líneas de ayuda por violencia doméstica en México señalan otra cosa. 

Las mujeres llevan sus conflictos de pareja con dificultad, ya que en las respuestas a la pregunta 6, la presencia de alguna o muchas dificultades para resolver discusiones superó la cifra de quienes discuten y resuelven sin dificultad: solo un 45 por ciento de las mujeres en el sondeo digital y el 43 por ciento de las mujeres que respondieron en calle y lugares públicos de Culiacán. 

Dificultad en las resoluciones

Además, al analizar las respuestas de la pregunta 7, donde se indagaba si las mujeres se sentían decaídas o mal con ellas mismas al finalizar una discusión con la pareja, también se encontró que solo un 27 y 35 por ciento de las participantes online y cara a cara, respectivamente, respondieron que nunca, y el resto aceptó que a veces les ocurría (el 47 por ciento en internet y 37 por ciento presencial) o que en efecto lo vivían muchas veces (26 por ciento y 28 por ciento en entrevista en redes y en la calle, correspondientemente). En este sentido, Robles comentó que el hecho de terminar desgastada o decaída de una discusión, refleja que hubo dificultad en resolver los conflictos.

“Si terminas cansada y sintiéndote mal, seguramente hubo gritos, o algún tipo de violencia en la comunicación”, declaró. 

Agregó que las mujeres tienen que pensar si en esa resolución de conflictos están cediendo a todo, están quedándose calladas sin expresar sus necesidades con tal de que ya no les griten o discutan. Si durante una discusión la persona termina cansada o sintiéndose mal, según Edith, eso hablaría de la manera en que se están resolviendo los conflictos (pregunta 6), y por tanto es importante tomar en cuenta los procesos de resolución de un conflicto, comunicarse de forma adecuada, tener una comunicación efectiva, con asertividad, es decir, expresar las necesidades sin ofender a la otra persona, sin comunicación pasiva ni agresiva, algo que las mujeres no están viviendo, de acuerdo al sondeo. 

El miedo a la pareja 

La pregunta 9 también resultó interesantes para las expertas, en ella se analizaba si las mujeres tenían miedo a lo que la pareja hiciera o dijera. En este reactivo las mujeres participantes cara a cara dijeron que nunca en un 71 por ciento, mientras que 66 de cada 100 mujeres que respondieron en internet dijo lo mismo. En las respuestas, sentir miedo hacia la pareja, a veces y muchas veces quedó así: 29 y 5 por ciento para las sondeadas en línea, mientras que se dio en un 25 y un 4 por ciento para las transeúntes, respectivamente.

Al analizar esta forma de responder, Angie Arellano, quien también es constructora de espacios seguros en una unidad académica en Culiacán, comentó que estos miedos pueden estar ligados “con el miedo al abandono, con el miedo a la ruptura de la relación, no necesariamente sienten miedo a que las tensiones puedan escalar a los golpes” , pero esto no es necesariamente normal para ella, pues refleja algún tipo de codependencia y la dificultad en las mujeres para cerrar un ciclo y terminar una relación, cosas que ocurren cuando hay relaciones de abuso: “hay mujeres que generan síndromes de violencia. Si la persona ha vivido un ciclo de violencia donde generó algún síndrome, aunque sea violencia psicológica, económica, patrimonial, si ha vivido amenazas de algún tipo, pues se les imposibilita dejar a la pareja”, explicó. 

Por su parte, Edith Robles, también catedrática, reflexionó que el miedo a la pareja es un porcentaje bajo, sin embargo, consideró que la respuesta, a veces, es también una respuesta afirmativa. 

“Si a veces te da miedo, es que te da miedo ¿cómo que le tengo miedo a mi pareja, si es mi pareja? Se supone que el sitio seguro es la pareja, una persona que no tendría porqué lastimarte o confiarías que no te va a hacer nada. Tenerle miedo a veces, inclusive es una banderita roja”, señaló, pues considera que la respuesta se explica en parte por la normalización de la violencia, como cuando las mujeres que viven violencia le dicen en la cotidianidad de sus consultas: “‘ay es que a veces se enoja, es que así es él, pero el demás tiempo es un amor’, aunque cuando se enojó le amenazó con correrle, le amenazó con matarle”, dijo preocupada asegurando que hay situaciones escasas, pero que ponen en riesgo la seguridad, la vida o la tranquilidad de las mujeres. 

Reconocer las violencias

De las mujeres participantes en línea, el 65 por ciento sí tenía pareja al momento de contestar el sondeo, en tanto que en las participantes cara a cara solo el 45 por ciento respondió que sí estaba emparejada (pregunta 1).

De ese total de mujeres que sí tenían pareja un 55 por ciento de las que respondió el sondeo en redes dijo vivir con su pareja, mientras que el 40 por ciento de quienes respondieron de forma presencial, afirmó lo mismo (pregunta 2). Las mujeres que respondieron el sondeo llevaban tiempos variables en sus relaciones (pregunta 3).

En este sentido tanto Angie como Edith señalaron que sin importar el tiempo que lleven emparejadas, las mujeres deberían ser capaces de reconocer las violencias en todas sus formas, incluso aquellas que están más veladas y que son más sutiles, “hoy están con los micromachismos, el gaslighting, el gosthing, por ejemplo. Son otras formas de generar violencia hacia las mujeres y son de esas formas invisibles, silenciosas que no se pueden dimensionar”, señaló Angie. 

Por su parte, Edith finalizó con lo siguiente: “mi recomendación es que las mujeres conozcan más sobre lo que son las violencias en la pareja, que conozcan más sus derechos y las leyes, para que puedan identificar cuándo algo no es normal y actuar en consecuencia”.

Los Datos

Omisión de respuesta

En el sondeo, algunas de las preguntas realizadas a las mujeres cara a cara, los encuestadores señalaron observar signos de vergüenza en algunas mujeres al momento de responder las preguntas. Las expertas señalaron que es posible que las mujeres hayan sentido temor a ser juzgadas y por tanto omitieron decir la verdad, cambiaron su respuesta, por eso se observan números más bajos en algunas de ellas.   

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Formas de violencia

Diversas formas de agresión verbal, las distintas formas de control, discriminación, acoso, omisión o incluso silencios y manipulaciones, son formas de violencia que las mujeres y niñas pueden llegar a sufrir o padecer (ONU Mujeres). 

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María Sánchez

Reportera de Investigación

Ingresé a EL DEBATE en febrero del 2019, trabajo en la redacción de Culiacán. Tengo formación en Fact Checking y periodismo de datos, curso impartido por Knight Center for Journalism en las Américas, así también, otros cursos de formación en el ámbito periodístico como uso de lenguaje inclusivo y de periodismo especializado en derecho electoral. Actualmente escribo sobre una gran diversidad de temas desde las ciencias exactas hasta humanidades, en el departamento de Investigación de DEBATE apoyándome en búsquedas rigurosas en material oficial y científico, bases de datos gubernamentales y no gubernamentales, entrevistas a personalidades públicas, del medio político, académico, expertos en temas, así como a líderes de la sociedad civil, entre otros. Mi misión es dar a los lectores artículos con información veraz, relevante, útil y novedosa de diferentes campos en un lenguaje asequible, además de sensibilizar a la población con temas referentes a lo humano. Mi formación lo respalda. Estudié la licenciatura en química farmacéutica bióloga y una maestría en ciencias con orientación a la biotecnología ambiental en la Universidad Autónoma de Sinaloa. En 2020 recibí dos seminarios en el centro Transpersonal de Buenos Aires, Argentina, uno denominado Vínculos y emociones y otro más sobre Psicología y espiritualidad. Tomé un Diplomado para la Paz Aplicada impartido en Culiacán por la Universidad de San Diego, California, en 2018 y más tarde en 2019 participé como colaboradora en el proyecto de investigación “Todos tenemos una historia”, formando parte de la Comisión Ciudadana de la Memoria en Culiacán, organizada por el Instituto Transfronterizo de dicha universidad y como líder de equipo de investigación. Dediqué más de tres años de labor docente en el Tecnológico de Monterrey Campus Sinaloa, donde me formé en educación y participé en la elaboración de proyectos y documentos académicos. Formé parte de la Red de Educadores Ambientales de Sinaloa (REAS), donde participé en la elaboración del marco conceptual de la organización y su plan de trabajo. Tengo la intención de seguirme preparando y crecer en compañía de mis compañeros en EL DEBATE, y continuar haciendo con ellos las alianzas que nos han integrado como un equipo sólido dentro de la empresa.

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